martes, 21 de noviembre de 2017

El nuevo centro comercial

El pasado 11 de noviembre, aparte de ser el día en el que toda China se volvió loca comprando por internet, tuvo lugar un suceso muy esperado entre la sociedad suzhounesa: por fin abrió sus puertas el mega centro comercial que hay debajo del edificio de los pantalones.
Una pernera de los pantalones.

Esa zona llevaba en obras años y años. Parece ser que el edificio de los pantalones tardó bastante más de lo previsto en terminarse. Que si el promotor se quedó sin dinero, que si los pisos/oficinas no se vendían, que si las obras del metro habían dañado los cimientos... Mientras los pantalones se debatían entre terminarse o no, se construyeron otros edificios al lado (estaba proyectado levantar la tercera torre más alta del mundo, afortunadamente se quedaron sin dinero y no la hicieron); se montó un zafarrancho tremendo para remodelar la calle que pasa por delante, que es muy transitada; se empezó a construir el centro comercial; se cerró el acceso al lago para construir no sé qué... Yo antes vivía allí al lado y hubo una temporada en la que oía golpes constantemente y estaba convencida de que había un taller o fábrica clandestina en mi edificio (sonaba como una máquina de coser o algo así). Al cabo de varias semanas y otras tantas búsquedas infructuosas, llegué a la conclusión de que era el eco de las obras de la zona de los pantalones. Pero ya por fin se está terminando esa zona y los habitantes de mi ex urbanización pueden respirar tranquilos (y ganarse un buen dinerito si venden sus pisos, porque seguro que esa zona ha subido como la espuma).
La entrepierna de los pantalones vista desde el centro comercial.


Cada vez que se inaugura un centro comercial en Suzhou es todo un acontecimiento. Sí, aunque cada año se inauguren tres o cuatro y tengamos ya tropecientos. Pero cada vez que abre uno nuevo, hay que estar ahí el primer día para compartir las fotos en Wechat y poder decir que tú fuiste antes que nadie. Normalmente yo paso de estos eventos porque sé lo que hay, pero el domingo pasado no teníamos nada que hacer y fuimos al nuevo centro comercial. Solo llevaba abierto una semana y obviamente estaba hasta los topes.
Estas terrazas de la derecha son el centro comercial. La mitad o así, hacia el otro lado hay otro cacho igual de grande.

El nuevo centro comercial se llama Suzhou Center y es ENORME (300.000 metros cuadrados). Creo que es el centro comercial más grande que he visto nunca. Estuvimos dos horas dando vueltas y creo que no vimos ni la mitad. Hay las típicas tiendas de siempre (H&M, Zara, Uniqlo...), otras recién llegadas a Suzhou (Forever 21, Zara Home, Victoria's Secret...), restaurantes, cafeterías, sitios de ocio (cine, recreativos, simulador de béisbol, simulador de snowboard, club de ponys, pista de patinaje sobre hielo...). Lo del club de ponys me dejó patidifusa. Un sitio para montar en pony, en el sexto piso de un centro comercial. Pobres ponys... ¿Y la pista estará cubierta de tierra? (No lo ví porque para entrar a mirar hay que pedir cita). La pista de patinaje ni la encontré. Es que ya os digo, dimos vueltas y vueltas y no vimos la mitad de las cosas. Tampoco encontré la librería.
Justo ahí enfrente está el club de ponys.


Había un montón de gente (el día de la inauguración, en las primeras 3 horas entraron 400.000 personas) pero muy poca que llevara bolsas. El mejor negocio lo estaban haciendo las tiendas de té con leche, que tenían colas kilométricas. A las 4.30 de la tarde, los restaurantes también tenían cola para cenar. Que ya son ganas de hacer una cola de mínimo una hora para cenar cuando puedes andar 10 minutos, salir del centro comercial e irte a otro restaurante donde no haya un millón de personas. Los chinos siempre se quejan de las multitudes, pero les encanta estar ahí en todo el meollo.
Cola para comprar un té con leche.
En la jaula había pájaros de verdad. Pobrecillos...


Conclusión de la semana: confirmado que a los centros comerciales no se puede ir hasta que no hayan pasado seis meses desde la inauguración, para evitar las muchedumbres. Ahora es el mejor momento para ir a los centros comerciales "viejos", que estarán vacíos.
En el centro comercial ya es Navidad.

martes, 14 de noviembre de 2017

Viajecito ibérico II: Toledo

Vayamos con la segunda parada de nuestra ruta ibérica. Desde Madrid fuimos a pasar el día a Toledo, ciudad a la que yo no había ido nunca. Hay un montón de sitios en España a los que no he ido y Toledo era uno de ellos. Me sorprendió leer en la wikipedia que tiene menos habitantes que Cáceres. No sé por qué, pensaba que era una ciudad más grande.

Para llegar a Toledo solo hay que coger un tren en la estación de Atocha y en media hora ya estás allí. El billete de ida y vuelta cuesta unos 20 euros. La estación de Toledo es muy bonita. Al salir, está allí esperándote el autobús turístico ese en el que te puedes bajar y volver a subir donde quieras. No recuerdo cuánto valía, me suena que eran 12 o 15 euros... ¡súper caro! Nosotros fuimos andando y llegas perfectamente a todas partes. Desde la estación de tren a la parte antigua es menos de 30 minutos andando despacio y parándote a hacer fotos.
Andando desde la estación de tren hacia la ciudad pasas por este puente, que se llama puente de Alcántara.


Desde el puente andas cuesta arriba un poquillo y llegas a la plaza de Zocodover. Allí está la oficina de información turística, un poco escondidilla en unos soportales, donde te dan indicaciones y un mapa gratis. Muy útil si has ido sin preparar mucho el viaje, como yo. Desde esa plaza fuimos andando otro ratito, pasamos al lado del Alcázar, encontramos por casualidad la oficina del Partido Comunista y fuimos a visitar la catedral. El ticket de la catedral incluye una audioguía con varios idiomas disponibles, pero el chino no está entre ellos.
C. y sus camaradas.

La catedral.

La catedral por dentro.

La torre de la catedral desde el claustro.


C. entró en un par de tiendas de espadas de acero toledano. Pero, a ver, ¿para qué queremos nosotros una espada? Pa ná. También había un montón de pastelerías vendiendo dulces de las monjas. Quería probar alguno pero como estaba con mil llamadas de teléfono de cosas de la boda y haciendo de guía turística a la vez, se me olvidó.
Una calle mona.

Una tienda mona.

Dulces de las monjas en un escaparate.

Comimos en un restaurante que nos habían recomendado y luego a dos del grupo se les antojó ir a la tirolina. Menos mal que no estaba lejos.


Después nos tomamos un café, visitamos un par de sinagogas pequeñitas y ya prácticamente era hora de volver a la estación de tren.
Selfie del grupo al completo.

Vistas desde el jardín de una sinagoga.

De camino a la estación de tren. El puente que se ve es el que cruzamos por la mañana.

lunes, 6 de noviembre de 2017

La pagoda Beisi

El sábado pasado hizo un día buenísimo. ¡¡Cielo azul!! Y el pobre C. en una reunión que duraba el día entero. Los días de cielo azul no se pueden desaprovechar, así que me fui solita a dar una vuelta por Suzhou. Mi objetivo era la pagoda Beisi, a la que no había ido nunca. Una vez lo intenté, pero cuando llegué ya estaba cerrada. Luego se pusieron a hacer obras. En fin, que hasta ahora no había surgido la oportunidad.

La pagoda Beisi es uno de los edificios más altos de la ciudad antigua y se ve desde muchos sitios. Por ejemplo, desde la estación de tren. Además ahora han abierto una línea nueva de metro y te deja en la misma puerta de la pagoda. Que, por cierto, está dentro de un templo budista que se llama Bao'en y que es el más antiguo de Suzhou, según ponía allí. Construido originalmente en el siglo III d. C., aunque después se habrá renovado un porrón de veces. Aparte de la pagoda hay varios pabellones/templos y un jardín clásico al fondo con su lago y su montaña de roca.
La entrada.

Un buda con sobrepeso.

Desde la ventana de la planta baja de la pagoda.

Puerta redonda (¿será para el buda?).

Uno de los pabellones. Me gustó porque no estaba restaurado.

El lago y la montaña de roca.

Todo el mundo mirando los peces. Hasta un gato blanco que hay en la esquina izquierda, aunque no se vea casi.

Decoraciones Instrumentos de percusión del templo.

Antes se podía subir a la pagoda pero ya no.
Un bonsai.



¡La entrada es GRATIS! ¡Lo nunca visto en Suzhou! Y, a pesar de esto, había muy poca gente. ¡Bieeen! Una visita muy agradable.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Viajecito ibérico I: Madrid

Como los padres de C. y cuatro amigos taiwaneses vinieron a España para asistir a la boda, había que organizar también un viajecillo para que aprovecharan y vieran cosas. Era la primera vez que estaban en Europa y no estaba yo muy segura de cómo iba a ir la cosa (más que nada por las comidas) pero se portaron muy bien y les gustó todo. ¡Menos mal! No hay nada más desesperante que un invitado cansino. Afortunadamente creo que nunca he sufrido uno de esos, jaja.

Yo llevaba en España todo el mes de septiembre y el contingente chino llegaba el 3 de octubre, así que cogí el bus y me fui para Madrid. Qué cruz, los transportes públicos de Extremadura. Casi 5 horas para recorrer 300 kilómetros. Paramos en todos los pueblos que había por el camino. El tren no es mucho mejor ya que tiene la fea costumbre de estropearse a mitad de camino (dicen las malas lenguas que al tren de Extremadura siempre le ponen las locomotoras más viejas que tiene la Renfe). Pero bueno, al final conseguí llegar a Madrid. Me quedé en casa de unos amigos, el lunes vi a Miss Y. y el martes por la mañana fui a recogerlos al aeropuerto. Qué de maletas traían, madre mía.

Nunca he vivido en Madrid, tampoco he ido demasiadas veces y nunca sé qué hacer allí. Una de las cosas más típicas es ir a los museos, pero como solo íbamos a estar en Madrid dos días y no sé si a esta gente le interesa mucho el arte, me decidí por otras actividades con la ayuda de varias aplicaciones de viajes. El hotel lo teníamos al lado de Tribunal, al lado de la zona por donde yo salía de joven (vamos, las dos veces que he salido en Madrid, hace más de 10 años). Esto fue lo que vimos (y sí, sé que nos faltaron muchas cosas. Es que no había tiempo para todo):

- El Palacio Real
Si os digo la verdad, yo ni sabía que esto se podía visitar, jaja. Vamos, que no había ido nunca. Según internet, este palacio es el más grande de Europa y tiene más de 3000 habitaciones (¿cuántas señoras de la limpieza trabajarán allí?). Solo se usa para eventos oficiales. Se pueden visitar algunas habitaciones, una galería de pinturas y la armería. Es interesante. La entrada vale 11 euros.


- La calle
Madrid siempre está muy animado, ¿verdad? Andamos bastante por todo el centro, el contingente chino alucinaba con los artistas callejeros y se compraron varios pares de zapatos. La dependienta de una zapatería de marca me pidió mi tarjeta por si tenía clientes chinos en el futuro. ¡Se pensó que yo era la guía o algo!
En la Plaza Mayor había un Spiderman barrigón.


- Centro Centro Palacio de Cibeles
Me habían recomendado ver la vista de Madrid desde aquí o desde la terraza del Círculo de Bellas Artes. Acabamos subiendo a esta.



- El parque del Retiro y la Puerta de Alcalá
En el Retiro no estuvimos mucho tiempo, solo entramos para verlo un poquillo. Para ser jueves por la mañana había bastante gente. Cuando estábamos delante de la Puerta de Alcalá empezaron a pasar un montón de aviones y helicópteros volando en dirección noreste y yo pensé que había empezado la guerra de independencia de Cataluña... menos mal que solo debían estar ensayando para el día de la Hispanidad o algo.
Ahí está, ahí está... (he leído en la Wikipedia que es anterior al Arco de Triunfo de París y a la Puerta de Brandenburgo de Berlín).

- Estadio del Bernabéu
Yo no tenía ningún interés en ver esto, pero mis invitados sí. Como de todas formas queríamos ir a un restaurante valenciano que hay por los alrededores, pasamos por allí. Qué feos son los estadios de fútbol, madre de dios. Uno de los taiwaneses hasta compró en la tienda del Real Madrid... que ya son ganas de pagar más de 100 euros por una camiseta hecha en Camboya. Lo que hace el márketing...


- Flamenco
¡Toma turistada! Obviamente, el contingente chino quería ver un espectáculo de flamenco. No veáis los sablazos que pegan con las entradas de este tipo de espectáculos, ¿eh? Elegí uno que no era de los más caros y fueron 30 euros por persona, con una bebida incluida. Estuvo bien. El sitio se llamaba La Taberna de Mister Pinkleton y está al lado de la Plaza Mayor.


- COMIDAAAA
Qué pechá de comer nos dimos en Madrid. Bueno, en todo el viaje, en general. Lo curioso es que no engordé, o al menos seguía pesando lo mismo cuando llegué a Suzhou. En Madrid comimos cocido madrileño (con todo el calor, jajaja), callos, tortilla de patatas, croquetas, chocolate con churros (yo me quedé con las ganas, es que después del cocido no me entraban), jamón, pulpo y otras tapas, paella en un restaurante valenciano finolis... todo muy rico.



La siguiente parada fue Toledo, pero eso os lo contaré en la próxima entrada.

martes, 24 de octubre de 2017

Nuestra boda española

Como lo prometido es deuda, aquí vengo a contaros la crónica de nuestra boda española, la tercera y espero que la última, jaja. ¿Cómo que la tercera? Pues porque la primera (la firma de los papeles, vaya) fue el año pasado en Nanjing y la segunda fue la boda china en mayo. Bueno, podría hasta contar la convalidación de los papeles en el consulado de Shanghai para que nos dieran el libro de familia y entonces serían cuatro. Vamos, que como pa arrepentirse ahora, jajaja.

Con la boda española también tuvimos mucha suerte y salió un día muy bueno. Vamos, demasiado, es que pasamos calor y todo. Yo le había dicho al decorador que no hacía falta que pusiera abanicos para los invitados, que seguro que un 7 de octubre no haría tanto calor, pos toma. Menos mal que el buen hombre los puso de todas formas (si alguien se va a casar próximamente en Cáceres o alrededores que me escriba, tengo muchas recomendaciones).

La boda fue en el Castillo de las Seguras, un sitio muy bonito a 10 kilómetros de Cáceres. Se llama castillo pero en verdad es más como una casa señorial construida en forma de castillo, tampoco os penséis que aquello era Camelot. En la primera foto de la entrada anterior se ve. Elegí este sitio porque tiene jardín (no quería estar todo el rato dentro de un salón) y porque podíamos hacer allí la ceremonia.
El castillito.


Me peiné, maquillé y vestí en casa de mis padres y C. también. Bueno, él no se maquilló ni tampoco se peinó mucho. Hay fotos de todo este proceso pero las hizo el fotógrafo oficial y no creo que las reciba antes de que acabe el año (es que es un fotógrafo muy solicitado). Acabamos bastante rapidito y al final tuve que estar un rato sentada esperando que pasara el tiempo. C. se fue para el castillo con mi hermano sobre las 12.30 y yo salí un poco después en el coche de mi padre. Al llegar hicimos el teatrillo de que C. abriera la puerta del coche y tal y enseguida empezó la ceremonia.
El ramo.


La maestra de ceremonias era mi tieta N. y esto lo habíamos llevado en el más absoluto secreto. Pena que como yo entré la última no pude ver la cara que puso el resto de la familia, espero que se vea en alguna de las fotos del fotógrafo. Habíamos preparado el guión con antelación pero ella añadió bastantes cosas que fueron sorpresa para mí. Aparte, tuvimos las intervenciones de mi tieta I., que leyó un texto que había escrito; la novia de mi hermano, que leyó un fragmento del Principito (el de cuidar a tu rosa); y tres de mis primas, que leyeron un poema en chino, catalán y español. No hicimos lo típico de responder a "Fulanito, ¿quieres a Menganita como esposa blablabla?" sino la modernez de los votos, jaja. C. dijo unas cosas super bonitas que hasta una amiga mía que no habla inglés lloró y yo canté una parte de una canción de Death Cab for Cutie, que es un grupo que nos gusta mucho. Aparte, toda la ceremonia estuvo amenizada por un dueto de piano, flauta y voz y quedó todo super bonito y emotivo. Vamos, que no quedó ni un ojo seco.
Durante la ceremonia.

Con los testigos.
La lluvia de arroz.


Después de la ceremonia hubo el típico lanzamiento de arroz (con el que se me cayó del pelo al quitarme el moño por la noche podría haber hecho una paella) y pasamos al tema de la manduca. Primero había un cóctel en el jardín, también con música del dueto de fondo. Había un señor cortando una pata de jamón ibérico, una mesa con distintas variedades de queso, erizos de mar rellenos, chupitos de melón, saquitos de boletus, mini croquetas, tartaletas de rabo de todo y no sé cuántos bocaditos más. Yo quería probarlos todos pero como estaba hablando con todo el mundo los erizos ni los olí, por lo menos me dijeron que estaban buenos.
Por lo menos el jamón sí lo probé.


Aunque ya solo con el aperitivo comimos bastante, todavía quedaba la comida oficial, que era en una carpa al lado del castillo y con las murallas de fondo. Entramos al salón rockeando con Dime que me quieres (la versión de Los Piratas) y con el flipamiento nos olvidamos de que supuestamente íbamos a brindar al entrar, así que brindamos ya en la mesa. De primero había ensalada de langostinos con vinagreta de mango, luego un sorbete de manzana, de segundo pintada (un pájaro parecido al pollo, yo al principio no sabía lo que era) rellena de setas y castañas, y de postre tarta helada de mandarina. Del postre solo pude tomar un par de cucharadas porque me fui por las mesas repartiendo unas chapas que había comprado. Cada una tenía un mensaje graciosillo y yo me reí mucho intentando encontrar una adecuada para cada persona (los mensajes eran en plan "Me muevo menos que el barco de Chanquete", "Yo por el ramo mato", "Antes muerta que sencilla", "Soy la tía más guapa de la novia", etc).
La mesa presidencial.

Y luego ya empezó el bailoteo. C. y yo habíamos preparado una coreografía de cachondeo al ritmo de Canned Heat de Jamiroquai. Cuando hace meses le dije a C. que teníamos que bailar, pensó que era cachondeo y ensayaba a regañadientes porque decía que no había bailado en su vida (en China los jóvenes no suelen ir de discotecas). Pero luego en el momento se vino arriba y lo hizo súper bien. Yo, como todo el mundo sabe, he sido un pato mareao toda mi vida. Aún así, me lo pasé muy bien bailando con todo el mundo en la barra libre, hasta cuando mi pobre amigo J. intentó enseñarme a bailar sevillanas, jajaja. ¡Y los invitados catalanes hasta nos hicieron un castell!
Foto chorra con algunos invitados.

Mis amigos de Sevilla hicieron una camiseta conmemorativa de nuestros veranos de juventud en Chipiona.

El primer autobús de vuelta a la civilización salía a las 9, pero no se fue casi nadie. Y menos mal, porque sobre las 10 sacaron la recena. Yo pensaba que no íbamos a comer mucho, pero la nueva pata de jamón, los montaditos de lomo y queso, el caldito y los pasteles portugueses entraban que daba gloria. Ah, y también había un candy bar con un montón de golosinas. La mayoría de la gente se fue a las 11, y varios nos quedamos charlando en el jardín, con los camareros todavía viniendo a traer más comida, jaja. Si es que salimos rodando de allí.

Pues eso, lo pasamos muy bien. O al menos yo, y mucha gente me dijo lo mismo. Fue todo muy bonito, muy divertido, todos los invitados se llevaron bien entre ellos e hicieron pandilla... yo creo que la cosa estuvo bastante bien. ¡Tendremos que casarnos por cuarta vez para montar otra fiestaca!
Con la maestra de ceremonias.

Posando para el fotógrafo. Cuando me envíe las fotos tendré que publicarlas aquí también.

martes, 17 de octubre de 2017

De vuelta en Suzhou

Pues ya se acabó mi mesecito en España, ya se acabaron las vacaciones y ya estamos de vuelta en Suzhou.

Esta vez me ha costado volver porque me lo he pasado muy bien en España. He visto a amigas a las que hacía años que no veía, fui a la boda de una de ellas, vino todo el mundo a verme a mí a nuestra boda, me bañé en la piscina... muy bien todo. Al llegar a China, nada más pisar el aeropuerto de Chengdu, ya me puse de mala leche porque la aerolínea (china) montó un follón que te cagas para dar las tarjetas de embarque del vuelo de enlace de Chengdu a Hangzhou (las dieron en mano al bajarnos del avión, leyendo los nombres a gritos, las típicas señoras de mediana edad empujando para ponerse las primeras, etc). Después al llegar a Hangzhou estaba lloviendo y hacía frío. Ya sé que no es ni bueno ni normal que a mediados de octubre en España hiciera más de 30 grados, pero es que el cambio fue demasiado brusco.

Escribiré detenidamente sobre la boda y sobre los viajecitos que hemos hecho por España y Portugal, pero ya si eso otro día, que ahora tengo sueño. Os dejo con unas fotillos de la decoración de la boda para ir abriendo boca.