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martes, 4 de agosto de 2020

Un paseíto por la Universidad de Soochow

Estoy con la inspiración por los suelos y no sé qué de qué escribir, así que os voy a contar de un día que fuimos a dar una vuelta por la Universidad de Suzhou. Que en realidad se llama Universidad de Soochow, que es la transcripción antigua del nombre de la ciudad. Hacía mucho tiempo que quería ir a dar una vuelta por allí, porque la universidades chinas me traen buenos recuerdos de mis tiempos mozos, cuando llegué a Beijing como una tierna estudiante.

Las unis chinas son como ciudades en miniatura. La mayoría de los estudiantes, por no decir todos, viven en residencias dentro del campus, incluso los que son originarios de esa ciudad. Por ejemplo, cuando C. iba a la universidad vivía allí en una resi, aunque tuviera casa en Suzhou. Es como un rito de paso a la edad adulta para los estudiantes chinos: vivir en una habitación con literas y 3, 5 o 7 personas más, según la residencia que sea. Y con baños compartidos para todo el pasillo y con duchas en un edificio separado. En Beijing, yo veía a las muchachas volviendo del edificio de las duchas con sus cestitas llenas de geles, champús y cremas y el pelo mojado. En tiempos de C., las duchas de los chicos ni siquiera tenían agua caliente. Pero bueno, que me voy por las ramas. Digo que los campus chinos son como miniciudades porque dentro hay supermercados, tiendas, restaurantes y hasta clínicas por si te pones malo. Vamos, que si no quieres, podrías estar perfectamente sin salir del campus una buena temporada. De hecho, durante el coronavirus, las universidades chinas han estado cerradas al exterior y los estudiantes no han podido salir en meses.

Seguro que alguien estará pensando, "¿Es que los universitarios chinos no salen de fiesta normalmente?". Pues la respuesta es, la gran mayoría no. Bueno, dependerá de cada sitio, pero en mis unis en Beijing la gente estaba para estudiar. Hay que tener en cuenta que es muy difícil entrar en una buena universidad en China, las de Beijing son de las más reputadas y la gente que llega allí se ha pasado 15 años estudiando sin parar, así que probablemente ni siquiera se les ocurre la posibilidad de salir de fiesta. Yo tenía una amiga que era de Hubei (provincia medio pobretona en el centro de China) y un día le dije que había una fiesta en un bar ese fin de semana y la invité a venir con nosotras. Me contestó que nunca había ido a un bar (tenía 23 años) y que pensaba que a los bares solo iba gente de mala reputación. Pero, por otro lado, C. se pasó sus años universitarios en cibercafés y cantando en grupos de rock (hay que decir que él fue a una universidad de poco postín porque no se esforzó mucho durante el instituto).

Total, que al final un día del año pasado por fin nos dimos un paseo por el campus de la Universidad de Soochow. Según su página web, la fundó en 1900 la Iglesia Episcopal Metodista Americana. A finales del siglo XIX y principios del XX, China estaba llena de misioneros (principalmente americanos) intentando hacer prosélitos.
Young J. Allen, el fundador de la Universidad de Soochow.


El nombre original de la universidad era Dongwu University (东吴大学). Dong significa "este" (el punto cardinal) y Wu era el reino que había en esta zona hace más de 2000 años.

Puerta con el antiguo nombre de la universidad. Debe llevar ahí 100 años.



Es una de las universidades más antiguas de China y tiene un campus muy agradable con edificios muy curiosos, a imitación de los campus americanos...



...pero también tiene detalles chinos.



Y espacios abiertos donde había universitarios jugando al fútbol y niños correteando.



jueves, 14 de mayo de 2015

Mi primera boda china

Hoy voy a hablar de la primera boda a la que asistí en China. También fue la más interesante de todas a las que he ido, por cierto.

Corría noviembre de 2007 y yo era una feliz estudiante extranjera en mi segundo semestre en Beijing. Un día, una chica china-boliviana que era la compañera de habitación de mi amiga nos dijo que su primo se casaba en Qingdao y que tenía que ir a la boda, pero no le apetecía ir sola. Total, que su primo le dijo que podía traerse a algún amigo para no ir sola. Y en vez de a uno, se llevó a siete.
Y así fue como una pareja de Qingdao acabó teniendo en su boda a 7 extranjeros a los que no había visto nunca.

En China las bodas no son tan formales como en España, eso se ve en la foto. Los invitados a las bodas van vestidos con ropa de diario. Solo los novios, los padres y si acaso los padrinos van arreglados. Por cierto, con "padrinos" me refiero a la mejor amiga de la novia y al mejor amigo del novio, cuya función principal en la boda es la de emborracharse. En las bodas es requisito indispensable que la pareja brinde con todos y cada uno de los invitados, pero como está feo que el novio acabe potando en su propio banquete se lleva a un amigo para que beba por él. Ser padrino en una boda china es la putada del siglo.

Esta boda fue bastante interesante porque pudimos presenciar algunos de los ritos típicos chinos. Por ejemplo, cuando el novio va a casa de la novia a llevársela para siempre. Las amigas de la novia se encierran con ella en su habitación y no dejan pasar al novio. Este se tira un buen rato fuera llamando a la puerta, gritando tonterías que le hacen decir las amigas y pasándoles sobres rojos con dinero por las rendijas para sobornarlas y que abran. Cuando las amigas deciden que ya está bien abren la puerta y el novio entra.

Cuando por fin le abrieron la puerta. Obsérvese el sobre rojo con el soborno correspondiente.

Entrar en la habitación no solucionó todos los problemas del novio: las amigas habían escondido los zapatos de la novia y hasta que no los encontrara no se podían ir. Busca que te busca, más bromas, más sobornos, y al final encontró los zapatos, la novia se los puso, y bajamos a la calle.

En la calle había un grupo de jubiladas vestidas de rojo metiendo un ruido impresionante con los tambores. Después vino la danza de los leones, que fue la primera vez que la vi.

Las abuelas escandalosas.

Posando con los leones.

Después fuimos al restaurante a ponernos púos. La novia se cambió de ropa y se puso un vestido rojo para hacer la ceremonia de reverencias a los padres. Luego hubo los consabidos brindis. En algún momento del banquete yo lloré literalmente de risa porque en la mesa de al lado una niña pequeña echó la pota. ¿Que no tiene gracia? Tendríais que haberla visto: estaba subida a una silla y desde allí lanzaba el chorro en plan fuente. Luego una camarera vino con una escoba y lo barrió. El suelo no era azulejos sino moqueta. Yo ya no podía más, casi me ahogo. Creo que es la vez que más me he reído en mi vida.

Luego vino el karaoke. Una señora mayor deleitó a todos con esta maravillosa canción que inmortalicé y subí a youtube para que quede constancia por los siglos de los siglos. Mi amiga Lupe cantó la de "My heart will go on" y le aplaudieron a rabiar. 

Por cierto, en las bodas chinas no se come tarta. En el escenario/al lado de la mesa principal siempre hay una tarta de esas típicas con muchos pisos, y los novios hacen el paripé de cortarla con la espada, pero los invitados no la catan. De hecho no sé si alguien se la come. Creo que solo un trozo es de verdad, para poder cortarlo, y lo demás es de porexpán. Qué desilusión. Yo en mi boda tendré una tarta de verdad y le daré a todo el mundo.

martes, 7 de enero de 2014

Desvergüenza escénica

Ayer leyendo el blog de una chica inglesa que vive en una de esas ciudades horribles de la periferia de Guangzhou mencionaba que le habían hecho preparar una coreografía para la fiesta de Navidad del colegio donde trabaja. La pobre estaba horrorizada porque decía que no sabía bailar, que no tenía gracia ninguna y además que no le apetecía nada participar pero tenía miedo de que la despidieran.

Hacer el payaso encima de un escenario es algo a lo que te vas a tener que enfrentar si eres un extranjero en China. Especialmente si estudias en una universidad: siempre habrá una fiesta de fin de curso, de mediados de curso, de graduación o de lo que sea en la que querrán que los extranjeros luzcan sus habilidades artísticas. Cantar una canción en chino, montar una obrita de teatro, hacer un baile... lo que sea. Ese tipo de cosas de las que siempre huías cuando estabas en tu país, pero que aquí tienes que aceptar casi obligado.

A mí al principio me daba mucho reparo. Pero en China no saben qué es eso de la vergüenza ajena, y no importa que bailes como un pato mareao o que cantes fatal, solo por subirte al escenario ya has triunfado. Y además luego te quedan las fotos de recuerdo. Y en el fondo te lo pasas bien.







Cuando dejas de ser estudiante sigues teniendo tu oportunidad anual de lucirte: en la fiesta de empresa. Yo este año incluso me presenté voluntaria para cantar una canción en chino (la típica canción que siempre canto en el karaoke, así que no tuve ni que ensayar). ¡Gané el segundo premio y me llevé a casa 500 yuanes!