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martes, 26 de septiembre de 2017

¡Feliz sí cumpleaños!

¡Hoy es mi cumpleaños! ¡El primero que paso en España desde 2005! En aquella ocasión cumplía 21 y ahora ya son 33...

Todos mis cumples desde 2006 a 2015 los pasé en China. En 2011 ni siquiera estaba viviendo allí pero me mandaron de viaje de negocios justo esa semana. El hotel me dejó una tarta en la habitación. ¡Qué majos!

El año pasado mi cumpleaños me pilló en Amsterdam. De hecho, ese día por la mañana volé desde París hasta Amsterdam, pero los siesos de Air France no me prepararon una tarta. Buuuh! (Yo pensaba que en los aviones te daban tarta en tu cumpleaños).

Aunque ya casi no como dulces (es que no me entran ni ganas, aparte de chocolate negro a veces), esta tarde habrá que comerse un pastelito o algo.


jueves, 31 de marzo de 2016

Las tartas chinas

¿Sabíais que en China no tenían costumbre de celebrar los cumpleaños con una tarta y velitas? Su comida tradicional de los cumpleaños son unos tallarines muy largos que simbolizan la longevidad. Cuando se comen (tanto el cumpleañero como los invitados) no pueden cortarse con los dientes porque eso significa que estás cortando la vida del homenajeado. Los dulces típicos también son muy diferentes de los nuestros: normalmente son de harina de arroz y con rellenos como pasta de alubia roja o sésamo.

Por tanto, si no hubiera habido apenas tartas y pastelerías en China, no me hubiera extrañado. Pero los chinos son muy rápidos adaptándose a ciertas costumbres extranjeras, y efectivamente cualquier ciudad china, grande o pequeña, está llena de pastelerías que intentan imitar los dulces occidentales. ¿Y qué tal es la imitación? Pues... me temo que no demasiado buena, en muchos casos. Los "pasteles" que ofrecen son en su mayoría bollos y panes dulces bastante aceitosos. Y las tartas... las tartas merecen un capítulo aparte.

Nunca olvidaré mi segundo cumpleaños en China. Estaba en Beijing estudiando y celebré mi cumple con un amigo boliviano que cumplía una semana antes que yo. Era viernes o sábado por la noche, estábamos en Wudaokou y fuimos al Tous les jours (cadena coreana) a comprar una tarta.
Esta tarta, concretamente.
Muy mona, ¿verdad? La sorpresa vino con el primer bocado. Lo rojo de encima era SALADO. La tarta era dulce y salada a la vez. No sé si es que alguien confundió el bote de azúcar con el de sal o si fue intencionado, pero aquella tarta no se la acabó nadie. Y creo que nunca más volví a pisar el Tous les jours de Wudaokou.

Pero eso solo me pasó una vez. Normalmente las tartas son dulces, como tienen que ser. Aunque las tartas chinas tienen más nata de la que yo puedo soportar. Son básicamente una montaña de nata con trozos de fruta por encima y un par de finas capas de bizcocho por dentro.
Tarta típica por fuera.

Tarta típica por dentro.

Hace unos años las pastelerías chinas también se apuntaron a la moda de hacer tartas con formas de cosas. Esta tarta de perrito se la compramos a mi amiga A.
Por dentro era exactamente igual que la foto anterior.
A mi amiga K. le compramos esta tarta para su cumpleaños. Quedó encantada. Cumplía 31.

El año pasado por mi cumpleaños C. encargó que llevaran una tarta a mi oficina. Pero el repartidor tuvo un pequeño accidente y la tarta se estropeó. El único reemplazo que tenían con tan poca antelación era una tarta con forma de mooncake y sabor a melocotón.
Y llegó con una grieta. Vamos, que al repartidor habría que darle un premio.

El chocolate en China tampoco está bueno. Es como un sucedáneo barato. Y si te compras un pastel o una magdalena de chocolate cometes un gran error. Aquello nunca sabe a chocolate. Cuando fui a Japón me compré un pastelito de chocolate en el Family Mart, por probar. Estaba bueno. ¿Por qué los japoneses saben hacer chocolate aceptable y los chinos no? Grandes misterios de la humanidad.