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jueves, 16 de julio de 2020

Verano lluvioso

Vaya verano estamos teniendo. Normalmente la época de lluvia en Suzhou empieza a mediados de junio y dura tres semanas o así, pero este año empezó el 9 de junio y todavía no ha acabado. Según los periódicos, es la temporada lluviosa más larga de los últimos 20 años. Bueno, eso lo dijeron hace unos días, a lo mejor ya ha batido más récords. Y lo peor es que, según la previsión meteorológica, va a seguir lloviendo hasta ¡¡¡final de mes!!! No, por dior, espero que se equivoque.

Esto fue un día a las 11:30 de la mañana. De repente tuvimos que encender las luces dentro de casa...


Las noticias han dicho que ya ha caído el equivalente a 170 lagos Jinji... ¿que cómo de grande es el lago Jinji? Pues aquí pongo una foto donde se ve una parte:



Un día cayó la de Dios, se atascó un desagüe de la azotea y nos empezó a salir agua por las luces de la cocina. Lo mismo pasó en el Suzhou Center, les caían chorros de agua por las luces en una parte del centro comercial.
Así se ha quedado el falso techo de la cocina... lo vamos a tener que cambiar.

En la época de lluvia normalmente hace un calor y una humedad horribles, pero este mes por lo menos nos estamos librando del calor. Ayer hizo 20 grados, lo nunca visto. Estos dos últimos días no he tenido ni que encender el aire acondicionado, aunque a veces lo pongo no porque tenga calor, sino para que absorba la humedad, que de eso sí que no nos libramos. El otro día tuve que tirar un cepillo de dientes de bambú al que le había crecido una mata de pelo negro...

Me van a salir champiñones en casa a mí también.


Tampoco es que me guste mucho cuando hace mucho sol y calor (si es que yo me quejo de todo), pero por lo menos podríamos tener un fin de semana en el que no lloviera para poder ir a la piscina. De momento solo hemos ido a la piscina climatizada y no es lo mismo. Era en un hotel de postín y la entrada valía 300 RMB (menos mal que nos invitaron, yo por mí no voy ahí, menudo timo) pero por lo menos no había ni el tato.
La piscina megacara.


Como trabajo desde casa, en verdad ni salgo de lunes a viernes y no me preocupa mucho si llueve o no. Pero si tuviera que ir a la oficina cada día, me compraría todos los accesorios posibles.
El chubasquero para la moto es un imprescindible y lo tiene todo el mundo que se mueve en moto eléctrica.

Estos patucos de silicona para impermeabilizarse los zapatos creo que nunca los he visto por la calle, pero no descartaría probarlos a ver si funcionan mejor que los zapatos de goma.



miércoles, 22 de marzo de 2017

La realidad virtual

Últimamente me da la sensación de que voy mucho a Shanghai. Debe ser porque el año pasado no fui prácticamente nada, y ahora en menos de un mes he ido dos veces. ¡¡Dos!! Jajaja. Y el viernes tengo que volver a ir debido a compromisos sociales...

Ir a Shanghai es muy cómodo con el tren rápido, pero aun así me da bastante pereza porque supone echar todo el día. Esta vez fuimos el domingo para comer con mi amigo Jorge, que vive en Estados Unidos y va a Shanghai por trabajo una vez al año o así. También vinieron mis ex compis de piso Kathy y Rex.

Cada vez que vamos a Shanghai nos ponemos hasta arriba de comer. Como si en Suzhou no hubiera restaurantes o algo... Fuimos al súper centro comercial iapm, que es muy grande y muy lujoso, porque tiene 2 de mis restaurantes favoritos (Bellaggio y Grandma's) y la pastelería Awfully Chocolate. Comimos en el Bellaggio, un restaurante taiwanés en el que parece que obligan a las camareras a cortarse el pelo a lo chico si quieren trabajar allí. No nos llenamos demasiado para dejar hueco para el postre: Awfully Chocolate. Con ese nombre ya se puede uno imaginar de qué va la cosa.
Muerte por chocolate. Una o dos veces al año no hace daño.
Estaba lloviendo y hacía mucho viento, de estas veces que te entra la lluvia por debajo del paraguas. Qué rollo, no poder pasear. A C. se le ocurrió que fuéramos a la tienda de Sony en Huaihai Rd para probar la maquinita de realidad virtual.
C. también probó el simulador de F1, con la silla esta que vas prácticamente tumbado.

Después fuimos al centro comercial subterráneo que hay debajo de People's Square. Es flipante lo que hay allí abajo, kilómetros y kilómetros de túneles con tiendas y restaurantes. Cuando llegue la tercera guerra mundial probablemente lo usarán como refugio antiaéreo.

Había un centro de juegos donde tenían la play station con realidad virtual (otra vez) y C. quiso que jugara a un juego de miedo para reírse de mis reacciones. Para su total decepción, mis reacciones fueron más bien nulas. La realidad virtual está en una fase muy patatera todavía y no me daba miedo el zombi que me atacaba porque se veía que era de mentirijilla. Además no había auriculares, y si estás oyendo todo el barullo del centro comercial pues no te crees que estás en una casa chunga con un zombi. A mí no me la dan con queso. Esta obsesión de C. por la realidad virtual viene porque el otro día vimos un vídeo de un chino jovencito que jugaba al Resident Evil y se asustaba mucho y pegaba botes sentado en su taburete. C. se pensaba que yo iba a hacer algo parecido (porque además los extranjeros normalmente tienen reacciones físicas bastante más exageradas que los chinos: cuando nos cuentan una desgracia ponemos cara de pena, cuando nos asustan damos un salto, etc). Pobre, se quedó con las ganas.
El juego de los zombis.

También probamos la última moda en China... ¡las cabinas de karaoke! Son para dos personas pero nos apretujamos 3. Tienen muy pocas canciones, buuuuh. La gracia (o no) es que graba un audio de tu actuación estelar... pero le dimos al botón equivocado y la borramos, así que no sé si la cabina envía el archivo a tu móvil o cómo va la cosa.
Jorge dándolo todo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El festival del medio otoño... otra vez

¡Pues otra vez es el festival del medio otoño! Qué rápido pasa el tiempo, ¿no? Ya escribí hace tiempo una entrada sobre este festival, pueden ir a refrescarse las memorias.

Esta vez nos dan jueves, viernes y sábado de fiesta y el domingo hay que trabajar. Aaaay, cómo odio lo de recuperar vacaciones. Pero de esto también he hablado ya antes. Si es que se me acaban los temas de conversación.

Hay un tifón en el sur de China y aquí no llega el vendaval, pero sí la lluvia. Hoy se supone que hay que mirar la luna, pero no vemos nada porque está nublado. Por lo menos sí he comido un trocito de mooncake, aunque no me guste mucho, pero por hacer como que seguimos las tradiciones.

Es más grande en la foto que en la realidad.

Tenía visto un festival en Shanghai mañana en el que tocaba un grupo ruso (de Tuva, para ser más exactos, así que son más mongoles que rusos. El grupo se llama Yat-Kha) pero resulta que, debido al tifón (que no es tifón sino lluvia), el gobierno de Shanghai decidió mover el festival al 22-23 de octubre. Que entonces, digo yo, la mitad de los grupos programados no podrán actuar porque no les cuadrarán las fechas. Ains...

Así que nada, sin planes para los dos días de vacaciones que quedan. Como está lloviendo tampoco hay muchas opciones. ¿El museo de la seda? ¿El museo de la revolución? Si voy ya haré la crónica.

¡Feliz festival del medio otoño! ¡Cuidado con las mooncakes, que engordan!

jueves, 23 de junio de 2016

La época lluviosa 梅雨季

Estamos en plena época lluviosa en Suzhou. En chino a estos días se les llama 梅雨季 mei yu ji, algo así como "época de las lluvias de la ciruela/albaricoque". No tengo muy claro si 梅 mei es una ciruela o un albaricoque. Una fruta chiquitilla, vamos.

Estos días son de bochorno total y tormentas estruendosas. Algunos días llueve todo el rato, y fuerte, en plan monzón, y otros días sale el sol por la tarde y seca el suelo en 20 minutos.

El aire es súper húmedo y espeso y casi que te lo puedes beber.

Y es la época en la que te empieza a salir moho en las paredes como no tengas cuidado. Y en las sillas y chaquetas de cuero.

Ayer C. me envió unos vídeos de varias inundaciones en Suzhou y alrededores. Había un vídeo de una línea de metro con el agua marrón cayendo en cascada por las escaleras, y otro de un centro comercial subterráneo donde las dependientas estaban con el agua hasta el muslo y a los productos se los llevaba la corriente. Espero que salieran de allí antes de que el agua les llegara al cuello.

Un par de fotos que rularon por WeChat:

El edificio de los pantalones con el culo tapado.

Vista de la orilla norte del lago Jinji (pincha para ver más grande).

domingo, 5 de abril de 2015

El tiempo está loco

Estoy ya como las viejas, hablando del tiempo. ¡Pero es que está como una cabra! Hace un par de días estábamos asfixiados, a 30 grados y con camiseta de manga corta. Yo estaba ya planeando llevarme algo de ropa de verano a Shanghai. Pero, obviamente, solo estamos a principios de abril y el calor no puede empezar a apretar ya, aunque el miércoles oliera a verano. Así que el jueves empezó a caer el diluvio universal acompañado de tormenta eléctrica.

Hoy era el festival de barrer las tumbas, Tomb Sweeping Festival en inglés y 清明节 en chino. Hemos ido al pueblo, como el año pasado, pero no hemos podido ir a ver las tumbas porque estaba todo embarrado y había riesgo de partirse la crisma. Así que hemos comido con los parientes que viven en el pueblo y les hemos dado los lingotes de oro de papel para que los quemen ellos cuando haga bueno.

Después de comer nos han llevado a tomar el té al despacho de un pariente que tiene un taller de montaje de brochas. Era para verlo, el despacho. Qué tonta, no he hecho fotos. Lo voy a describir con mil palabras en vez de una imagen: era un despacho enorme, con una mesa de madera maciza de unos 2 metros y medio, en forma de ele, y un sillón en plan "yo soy el presidente". Enfrente estaba la zona para atender a invitados que tienen todos los despachos de señor importante chino. En este caso había un sofá y dos sillones enormes a juego, de color dorado todos ellos, en plan discoteca china con ínfulas. Y todo este derroche no tendría mayor importancia si no fuera porque el taller en sí era el típico sitio cutrísimo, con cajas por el medio y todo desordenado. Era tan grande el despacho del presidente como el taller en sí. Ah, y aunque fuera domingo, y encima día de fiesta, allí estaban las abuelas del pueblo montando brochas.

Las únicas fotos que he hecho hoy:

La colza en flor. Justo antes de que empezara a llover a cántaros.
La comilona en el restaurante del pueblo.