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lunes, 8 de diciembre de 2014

El tren-museo

Me hacía ilusión ir en tren a Luoyang en vez de en avión. Hacía tiempo que no viajaba en tren en China, si exceptuamos los trenes de alta velocidad. Pero eso no cuenta, cuando digo viajar en tren por China me refiero a pasar un buen puñado de horas en el tren, dormir allí, llevarse una bolsa cargada de comida donde los tallarines instantáneos no pueden faltar, etc. Creo que hacía unos 5 años que no iba en tren cama.

Nuestro tren era el K2666, cuya ruta completa es Suzhou - Linfen, realizada en 25 horas y 17 minutos. Linfen es famosa por ser la ciudad más contaminada del mundo. Os han entrado ganas de ir, ¿verdad? Nuestro recorrido, desde Suzhou hasta Luoyang, debía ser en teoría de 16 horas y 23 minutos pero se retrasó un poco y tardamos algo más. La letra en el nombre del tren indica la velocidad: G es el tren de alta velocidad y K es el más lento, aunque la K viene de 快 kuai, rápido.

Que no falte la siempre socorrida foto de la estación de tren. Estaba bastante vacía, en las vacaciones del Año Nuevo Chino es la locura total.

En el tren cama se puede elegir entre "cama dura" y "cama blanda". La cama dura es una litera de tres pisos, en un vagón corrido sin puertas en los distintos compartimentos. La cama blanda es una litera de dos pisos en una habitación para cuatro personas con puerta que se puede cerrar para más intimidad. Los precios varían según qué litera escojas: el piso de abajo es más caro porque te puedes sentar durante el rato que no quieras estar acostado. Como inconveniente, tu vecino de arriba probablemente se sentará también en tu cama. 
Otro detalle: en teoría la cama blanda es, como su propio nombre indica, más blanda que la cama dura. Sin embargo no siempre es así, como en el tren a Luoyang.

Cama dura: literas de tres pisos con cero privacidad.

Normalmente yo solía viajar en cama dura en mis años mozos. En este viaje elegimos cama blanda porque C. nunca había viajado en tren cama (al menos que recuerde) y estaba bastante acongojado. Así que para no asustarle más accedí a viajar en cama blanda, que evidentemente es más cara. Así que viajamos en un compartimento con solo dos señoras más y a puerta cerrada. Pero las camas, blandas, lo que se dice blandas, no eran. De hecho eran iguales que las duras: colchonetilla sobre tabla. Da igual, dormimos como benditos.

Nuestra habitación.
Por la foto anterior habréis deducido que no se trataba de un tren de última generación. Pues todavía no habéis visto lo mejor: el vagón restaurante. ¡Bienvenidos a los años 50!



Aunque habíamos llevado tallarines instantáneos para la cena, decidimos probar la comida del vagón restaurante (los tallarines instantáneos son el demonio, por si no lo sabíais. Tienen 500 calorías y el 100% de la dosis diaria recomendada de sal). C. fue al restaurante a pedir la cena para llevar y nos la comimos en la habitación, justo antes de que subieran en Nanjing nuestras compañeras de cuarto.

¡Estaba mejor de lo que esperaba! Totalmente comestible.

A la mañana siguiente, después de varias paradas, frenazos y traqueteos llegamos a Luoyang. Y lo que pasó después ya lo sabéis.

martes, 2 de diciembre de 2014

Viajecito a Luoyang

El fin de semana pasado agarramos el petate y nos fuimos de viaje a Luoyang. Yo llevaba mucho tiempo queriendo ir pero me daba miedo ir en vacaciones y que estuviera llenísimo de gente. Al final miss Y. planeó el viaje para el último fin de semana de noviembre y nos apuntamos.

Luoyang fue la capital de varias dinastías durante la antigüedad y tiene un patrimonio arqueológico considerable. Como Mérida, Roma o Xi'an, en Luoyang no pueden excavar un agujero en el suelo sin encontrar algo.

El sábado por la mañana, después de hacer un brunch de tallarines, nos fuimos al Museo de Luoyang. Es un edificio muy nuevo, con salas muy grandes y mucho que ver, principalmente bronces de las dinastías Shang, Zhou y alrededores, y cerámica de la dinastía Tang.

Bronce

Cerámica de la dinastía Tang. Con estos camellos hacían la Ruta de la Seda.

Después fuimos al museo de las tumbas (hay un montón de emperadores y demás altos cargos enterrados por allí) y a dar una vuelta por el centro. En Luoyang no se ven casi extranjeros y recibimos multitud de miradas y hallos. Vi a varias personas que les daban codazos a sus acompañantes para que se giraran a vernos, jajaja. Me hice un selfie con una estudiante (bueno, más bien ella se lo hizo conmigo) y espero que esta sea la primera y última vez que la palabra selfie aparezca en este blog.

El domingo fuimos a ver el plato fuerte, el sitio al que yo llevaba años queriendo ir: las cuevas Longmen. Son del estilo de las cuevas Yungang de Datong: miles de Budas excavados en la roca de una montaña.
Según mi amiga Elvira, "la montaña gruyere". Pues lo ha clavao.

Las cuevas Longmen están más estropeadillas que las de Datong, la mayoría de las estatuas no tienen cabeza. Según le oímos decir a una guía, muchas fueron arrancadas y vendidas en el extranjero a principios del siglo XX, cuando la situación económica de China era bastante chunga, la situación social bastante desordenada y a nadie le importaba un pimiento proteger el patrimonio artístico. Las estatuas más grandes han conseguido mantener todo en su sitio, más o menos.

Im-presionante.

Parezco muy pequeña.
La montaña gruyere desde la otra orilla del río.

Había más museos y templos para visitar en Luoyang pero no nos dio tiempo a ir. ¡Tendremos que volver! La gente de esa provincia, Henan, tiene fama de timadora, pero no tuvimos ningún problema. Además es que todo era baratísimo, nos tirábamos media hora en taxi por 30 yuanes. Muy bien Luoyang, sí sí.

¿Cómo ir? Desde el aeropuerto de Shanghai Hongqiao hay un par de vuelos al día. También se puede ir en tren y desde Suzhou son unas 17 horas en un tren del año de maricastaña. ¡Lo contaré en la próxima actualización!