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domingo, 1 de marzo de 2015

Las cuevas Maiji

La principal atracción turística que hay en Tianshui es la montaña Maiji, donde hay excavadas un montón de estatuas budistas. Los lugareños hinchan el pecho y la meten en el mismo grupo de las cuevas budistas más famosas de China (Longmen, Yungang y Mogao). La verdad es que las cuevas de Maiji son bastante más humildes, pero aun así se dejan ver.

Vista desde lejos la montaña Maiji es bastante impactante: una pedazo de roca con escaleras y agujeros por el medio.
La entrada a la montaña.

Un poco más de cerca.

Ese día estaba yo sin muchas fuerzas para trepar como las cabras ya que el primer día en Tianshui no sé qué comí que eché hasta la primera papilla (por arriba y por abajo, ¿demasiada información?) y durante un par de días comí solamente arroz blanco y poco más. Al ver aquellas escaleras pensé que me iba a dar un chungo, pero la verdad es que fueron bastante asequibles. Mucho más que la típica montaña china con escaleras de cemento. Será que la idea de ver las esculturas me dio fuerzas. ¡Lo que me gusta un pedrusco viejo!

La mayoría de los relieves y esculturas de la montaña Maiji (que, por cierto, en chino se llama 麦积山 maiji shan) son de la dinastía Wei del norte (siglos IV-VI d.C.). Por aquella época fue cuando se introdujo el budismo en China, proveniente de India. Durante un tiempo los dirigentes chinos se opusieron a aquella religión extranjera pero al final la acabaron aceptando.

La mayoría de las figuras que se pueden ver en Maiji son de arcilla, solo algunas son de piedra. Todas estaban policromadas pero no todas han conservado la capa de pintura hasta el día de hoy. En las que están completamente al aire apenas se pueden ver restos de color; las que están protegidas en una oquedad de la roca se han conservado bastante mejor.






La principal diferencia entre estas cuevas y las otras cuevas budistas que he visitado en China es el rollo de tener que trepar por las escaleras. No recomendable en absoluto para los que padezcan de vértigo, puesto que entre escalón y escalón solo había una tela metálica que te dejaba ver todo el espacio entre tu pie y el suelo, varios pisos más abajo.




Lo que menos me gustó fue que muchas de las estatuas más pequeñas estaban cerradas a cal y canto, con puerta y cerrojo. Había una tela metálica por la que se podía entrever lo de dentro, pero entre el sol que daba de frente y la porquería que tenía la tela metálica no se veía mucho. Pero bueno, quizás esta sea la única manera de proteger el patrimonio artístico de las manazas de los chinos, como opina miss Y. En alguna de las estatuas vi caracteres grabados, en plan Fulanito estuvo aquí.

Se ve bastante más en la foto que lo que se veía en la realidad.

No tengo ninguna foto, pero delante de cada buda, hasta de los que estaban encerrados, había una montaña de renminbis. Los chinos ponen dinero delante de cada buda que ven y tiran monedas a todas las fuentes que se les pongan por delante. De lo que sí tengo foto es de lo que vi al bajar de la montaña, en una grieta:




Las cuevas Maiji están a unos 40 kilómetros de Tianshui. Se puede llegar con el bus número 34, que sale desde la estación de tren y vale 5 RMB. La entrada a las cuevas vale 70 RMB. Desde la entrada del recinto hasta la montaña hay unos 3 kilómetros de carretera cuesta arriba; si vas apurado de tiempo es mejor comprar un ticket de 15 yuanes que te permite hacer la ida y la vuelta en un coche eléctrico.

martes, 2 de diciembre de 2014

Viajecito a Luoyang

El fin de semana pasado agarramos el petate y nos fuimos de viaje a Luoyang. Yo llevaba mucho tiempo queriendo ir pero me daba miedo ir en vacaciones y que estuviera llenísimo de gente. Al final miss Y. planeó el viaje para el último fin de semana de noviembre y nos apuntamos.

Luoyang fue la capital de varias dinastías durante la antigüedad y tiene un patrimonio arqueológico considerable. Como Mérida, Roma o Xi'an, en Luoyang no pueden excavar un agujero en el suelo sin encontrar algo.

El sábado por la mañana, después de hacer un brunch de tallarines, nos fuimos al Museo de Luoyang. Es un edificio muy nuevo, con salas muy grandes y mucho que ver, principalmente bronces de las dinastías Shang, Zhou y alrededores, y cerámica de la dinastía Tang.

Bronce

Cerámica de la dinastía Tang. Con estos camellos hacían la Ruta de la Seda.

Después fuimos al museo de las tumbas (hay un montón de emperadores y demás altos cargos enterrados por allí) y a dar una vuelta por el centro. En Luoyang no se ven casi extranjeros y recibimos multitud de miradas y hallos. Vi a varias personas que les daban codazos a sus acompañantes para que se giraran a vernos, jajaja. Me hice un selfie con una estudiante (bueno, más bien ella se lo hizo conmigo) y espero que esta sea la primera y última vez que la palabra selfie aparezca en este blog.

El domingo fuimos a ver el plato fuerte, el sitio al que yo llevaba años queriendo ir: las cuevas Longmen. Son del estilo de las cuevas Yungang de Datong: miles de Budas excavados en la roca de una montaña.
Según mi amiga Elvira, "la montaña gruyere". Pues lo ha clavao.

Las cuevas Longmen están más estropeadillas que las de Datong, la mayoría de las estatuas no tienen cabeza. Según le oímos decir a una guía, muchas fueron arrancadas y vendidas en el extranjero a principios del siglo XX, cuando la situación económica de China era bastante chunga, la situación social bastante desordenada y a nadie le importaba un pimiento proteger el patrimonio artístico. Las estatuas más grandes han conseguido mantener todo en su sitio, más o menos.

Im-presionante.

Parezco muy pequeña.
La montaña gruyere desde la otra orilla del río.

Había más museos y templos para visitar en Luoyang pero no nos dio tiempo a ir. ¡Tendremos que volver! La gente de esa provincia, Henan, tiene fama de timadora, pero no tuvimos ningún problema. Además es que todo era baratísimo, nos tirábamos media hora en taxi por 30 yuanes. Muy bien Luoyang, sí sí.

¿Cómo ir? Desde el aeropuerto de Shanghai Hongqiao hay un par de vuelos al día. También se puede ir en tren y desde Suzhou son unas 17 horas en un tren del año de maricastaña. ¡Lo contaré en la próxima actualización!

domingo, 23 de febrero de 2014

Viaje al pasado I: Datong, Pingyao y Xi'an

Como esta semana no tengo nada reseñable que contar he pensado escribir una serie de entradas sobre los viajes por China de los que no he hablado en el blog. El invitado de hoy es uno de los primeros viajes que hice por China: Datong, Pingyao y Xi'an, en enero de 2008. Fuimos en tren, saliendo desde Beijing. Era la primera vez que yo viajaba en plan mochilero.
1=Datong, 2=Pingyao, 3=Xi'an. Más o menos.

El viaje no empezó muy bien. Primero, para comprar los billetes de tren tuve que hacer cola en la calle a 7 grados bajo cero durante una hora (era justo antes del Año Nuevo Chino). Segundo, el día de la partida, al llegar a la estación de tren, comprobamos con horror que nos habíamos equivocado de estación. ¡Pero quién les mandará construir varias estaciones de tren en la misma ciudad! Llegamos a la estación correcta dos minutos después de la hora de salida del tren marcada en el billete. Afortunadamente el tren se retrasó dos horas. Es la única vez que yo he visto que se haya retrasado un tren en China. Al lado de la definición de potra en el diccionario hay una foto nuestra.

El tren Beijing-Datong fueron 8 interminables horas de estar sentados en asientos duros como tablas y apretujados como sardinas en lata. Recuerdo a la gente hablando en un dialecto extraño del que no se entendía nada y a un niño que tenía las orejas muy cochinas, negras de mugre. Cuando llegamos a Datong ya era de noche y estaba nevando. Nos quedamos en un hotel al lado de la estación. No había reservado hostal por anticipado, cosa rara en mí, fanática de la planificación.

Al día siguiente contratamos un taxista para que nos llevara a ver lo más destacado de la zona: las cuevas budistas de Yungang y el monasterio colgante, a unos cuantos kilómetros de la ciudad.
Al llegar a las cuevas nos dimos cuenta de que, otra vez, habíamos tenido una suerte increíble. No había nadie, probablemente debido a que hacía muchos grados bajo cero. Teníamos las cuevas para nosotros. Esto de ir a un sitio turístico y que no haya nadie es algo que no se ha vuelto a repetir en mis años en China. Definitivamente, aquellos días los planetas estaban alineados o algo.

Las cuevas budistas de Yungang son, todavía, seis años después, probablemente el sitio más chulo que yo haya visto en China. Gracias al curso de historia china que estoy haciendo en EdX, ahora sé que se construyeron durante los siglos V y VI y que fueron la forma del gobierno de pedir perdón por haber intentando eliminar el budismo de China (intento que, por cierto, se volvería a repetir varias veces en siglos posteriores). La wikipedia dice que allí hay en total más de 50.000 figuras esculpidas en la roca.





El templo colgante también es un sitio increíble y también lo tuvimos para nosotros solos.

Construido en una pared totalmente vertical dios sabe cómo. Todo de madera, el suelo crujía que daba gusto.
No sé cómo no nos despeñamos.


Estos días la temperatura máxima era 7 u 8 grados bajo cero. Lo sé porque le hicimos fotos al cartel con la previsión meteorológica en la recepción del hotel.
Eso de ahí atrás es una cascada congelada.
Aparte de estas dos cosas la ciudad de Datong no tenía nada más que ver, de hecho la recuerdo como una ciudad bastante fea y anodina. Así que nos fuimos a la siguiente parada: Pingyao, previa parada y fonda en Taiyuan ya que no había billetes para Pingyao.

Pingyao es una ciudad que data de las dinastías Ming y Qing e inexplicablemente ha conseguido sobrevivir bastante intacta. Ahora es el escenario de muchas series y películas de época. La parte antigua de la ciudad no es muy grande y la vimos en un día, montados en una bicicletas que nos prestaron. Recuerdo que mientras estaba montada en la bicicleta pasé a unos 10 metros de un niño cagando en la calle, que al verme empezó a chillar HALLO y a saludarme con la mano.

Revisando las fotos del viaje, en verdad casi no tengo ninguna de Pingyao. Tengo que volver.

La tercera parada en el viaje fue Xi'an, ciudad mundialmente conocida por los guerreros de terracotta. Sin embargo, he de confesar que al ver los guerreros me quedé más o menos igual. Quizás porque en la ciudad, y en toda China en realidad, por todas partes puedes ver copias de los guerreros en las puertas de hoteles o restaurantes. Sí, en el yacimiento de Xi'an hay muchos, pero no sé, no me impresionaron tanto como esperaba.

De Xi'an recuerdo que me gustó mucho la ciudad, sobre todo el animado barrio musulmán y un parque con pagodas que se llamaba algo del ganso salvaje. Andar por la muralla también estuvo entretenido. Se puede dar la vuelta completa al centro histórico de la ciudad andando por encima de la muralla (la que se puede ver actualmente se empezó a construir en 1370 y tiene un perímetro de casi 14 kilómetros). También me acuerdo que el hostel donde nos quedamos era muy barato (20 yuanes por noche, cama en habitación para cuatro) y que hicieron una fiesta de hacer dumplings donde participaron todos los hospedados y que luego nos comimos, a pesar de su lamentable aspecto. La masa y el relleno lo habían hecho las cocineras, nosotros solo tuvimos que montar la empanadilla, pero conseguir que un dumpling se quede pegado es una de las tareas más difíciles a las que me he tenido que enfrentar en mi vida.
Estos dumplings tan patéticos seguro que los hice yo.
¿La torre del tambor? ¿O quizás la de la campana? Las dos están en el centro de Xi'an.
La pagoda del ganso salvaje.
Desde Xi'an volvimos a Beijing en el tren nocturno. No sé ni cómo conseguimos billetes. La estación estaba a reventar de gente, las colas llenaban toda la plaza. Esa fue la primera vez en mi vida que yo dije la famosa frase de "No vuelvo a viajar por China durante el año nuevo chino".