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martes, 29 de mayo de 2018

Grafitis en Suzhou

(Nota: yo pensaba que en español no había forma aceptada para escribir graffiti, pero dice la Fundeu que sí la hay y que es grafiti. Pues la usaré a partir de ahora).

Alguna vez he mencionado que en China prácticamente no hay grafitis (por ejemplo, aquí y aquí), aunque durante los años de Mao y hasta los 90 las consignas pintadas en las paredes eran una de las formas de comunicación más importantes. Pero bueno, supongo que eso no cuenta como grafiti, sino como propaganda.
Como estas, por ejemplo. La única que soy capaz de leer dice "muerte al capitalismo".

Así que me sorprendió enterarme de que iba a haber una exhibición de grafitis en Suzhou y el sábado fuimos a la inauguración. Se organizaba como actividad paralela de la bienal de arte Jinji Lake de Suzhou, que yo tampoco conocía (no sé cómo lo hago pero nunca me entero de nada. Vivo en mi burbuja). Curiosamente, tres de los artistas invitados (y los únicos que estuvieron en persona en la inauguración) eran españoles. La exhibición era en una especie de "parque creativo" donde hay naves industriales, tiendas y un museo. Los grafiteros pintaron varias piezas en los muros de las naves y me hizo mucho gracia ver a un grupo de abuelas contemplando con mucho interés los grafitis.
Este es el que las abuelas miraban embelesadas. "¡Es un polo!".




También había una pequeña exposición en una sala que había allí y proyectaban un vídeo de uno de los grafiteros pintando en una de las calles de Suzhou. De repente salía una abuela que vivía por allí y se ponía a mirar. "Le va a echar la bronca al grafitero", dijo C. cuando lo estábamos viendo. Pero qué va, miraba simplemente en plan "qué estará haciendo el extranjero este". Yo creo que las personas mayores chinas no tienen el concepto de "los grafitis son una guarrería y ensucian las calles" que tienen en Occidente, supongo que porque prácticamente no los han visto nunca (y cuando los han visto han sido en forma de eslóganes políticos puestos por el gobierno).


También hubo una pequeña presentación de los organizadores y los grafiteros y un grupo tocó unas cuantas canciones. Había bastante gente y un montón de niños que estaban disfrutando a tope de las bebidas y los aperitivos gratis.

Foto del barrigón para la posteridad.

martes, 18 de julio de 2017

Conducir en China y vivir para contarlo

Con la entrada anterior, visto el panorama al que se enfrentan los peatones en China, quizás pensasteis que lo mejor es ir en coche a todas partes y ya está. Ay, amigos, craso error. Moverse en coche por China también tiene sus inconvenientes. Como, por ejemplo, el de los "actores semiprofesionales" que se tiran delante de los coches para fingir un accidente y extorsionar al conductor. De esto escribí hace unos meses. Pero, aparte de esto, el conductor acostumbrado a la forma de circular de otro país notará ciertas diferencias al ponerse tras el volante aquí. Yo solo he conducido en España y en China, así que todas mis observaciones se limitan a estos dos países.
En verdad esta foto es de Hong Kong, como se puede apreciar por el detalle del volante a la derecha. Es que es la primera que he encontrado en mis carpetas.

Al conducir en China, lo primero que notas es lo que ya mencioné en el post de los peatones: ceder el paso es un concepto desconocido. Al intentar cambiar de carril, es muy probable que el coche que viene por detrás en ese carril se pegue al de delante para no dejar que te metas. Creo que su mentalidad es que si te deja meterte, entonces todos los coches de la carretera van a querer meterse por ese hueco que de repente se ha abierto gracias a la debilidad de un conductor. ¡Y nadie quiere ser el eslabón más débil!

La segunda característica es que los intermitentes no se usan. Aquí hay un sistema más avanzado que es: el que viene detrás de mí tiene que leerme la mente. Si de repente un coche que circulaba por el carril de más a la izquierda en la autovía decide que tiene que tomar la salida de la derecha, ni se va a cambiar de carril con antelación ni va a poner el intermitente. Cuando se te cruce y pase a escasos centímetros de tu coche, te darás cuenta de que la culpa ha sido tuya por no haberle visto las intenciones. También se dan casos de vehículos que se pasan su salida y deciden que la mejor opción es dar marcha atrás en plena autovía. Esto lo he vivido yo en mis propias carnes, en un taxi en Shanghai. Mi taxi fue el que se pasó la salida y decidió dar marcha atrás. Pero el caso más famoso fue hace unos años, y en este caso no era un coche sino un autobús el que se puso a dar marcha atrás. Obviamente los que venían detrás se estamparon contra él y el suceso quedó grabado para la posteridad en la cámara de vigilancia del autobús.

He de confesar que yo no he conducido mucho en China. Me saqué el carnet hace más de 3 años pero solo he conducido unas cuantas veces, todas trayectos breves de vuelta a casa cuando C. bebe de más, y todas de noche cuando no hay mucho tráfico. Creo que esta es la clave de que nunca haya tenido un percance, porque la tercera característica de la conducción en China es que tienes que tener mil ojos para no chocarte con ninguna moto eléctrica. Las motos eléctricas aquí están por todas partes (de hecho, hay muy pocas motos de gasolina) y son completamente ninjas: ni las oyes (porque no hacen ningún ruido) y ni las ves (sobre todo de noche, porque no encienden el faro para ahorrar batería).
Así puedes acabar si no vas con mucho cuidado. En este caso era una moto de verdad... en el campo hay más.


En lo que respecta al interior del vehículo, los conductores chinos también se caracterizan por hablar por el móvil mientras conducen o incluso por escribir mensajitos en WeChat mientras conducen. Cada vez que veo a alguien haciendo movimientos raros, o de repente yendo muy despacio, no falla: ahí está el campeón con el teléfono pegado a la oreja (y los que vengan detrás que arreen). El uso del cinturón de seguridad también es curioso: muchos conductores, sobre todo los profesionales (taxistas y camioneros) creen que es un engorro que dificulta sus movimientos y tienen un enganche especial para "engañar" al sistema y que no suene la alarma que indica que no te has abrochado el cinturón. Para algunos chóferes, que tú, como pasajero, te abroches el cinturón, es una ofensa porque estás diciendo que no te fías de su dominio del volante. Esto me pasó por última vez en Jinan, con el conductor que nos llevó de la estación de tren al hotel. En cambio, en Shenzhen los taxistas te recuerdan que te abroches el cinturón nada más subirte porque allí les multan a ellos si los pasajeros no llevan el cinturón.
La cosita que enganchan para engañar al coche, como si se hubieran puesto el cinturón. Con caritas sonrientes, para más recochineo.

miércoles, 12 de julio de 2017

Cruzar la calle en China y vivir para contarlo

Una de las cosas que siempre mencionan los extranjeros que vienen a China es lo absolutamente caótico que es el tráfico. Bueno, si vienes de Europa, claro. Cuando fui a Camboya me di cuenta de que en realidad China no es para tanto. Pero para los que están acostumbrandos a ciertas normas de tráfico, montar en taxi aquí es un deporte de riesgo y cruzar la calle (o intentarlo) es como jugar a la ruleta rusa. ¿Te atropellarán? ¿Saldrás con vida? ¡Chan chan! Lo sabremos en el próximo episodio.
Si no hay ningún coche en kilómetros a la redonda puedes cruzar sin problemas.

 En China, la ley de la carretera dicta que tu preferencia de paso viene dada por tu tamaño. Es decir, los camiones y los autobuses son los reyes del mambo, después los coches, luego las motos eléctricas, luego las bicicletas y, en último lugar y con menos preferencia que nadie, tú, peatón. ¿Cómo se te ocurre ir andando, tontolaba? ¿Es que no tienes dinero ni para una mísera moto eléctrica?

Recuerdo que, al llegar a Beijing por primera vez, yo no sabía muy bien cuándo me tocaba a mí cruzar la calle. Cuando estaba en rojo para los peatones pasaban coches, y cuando estaba verde también. Esto me cabreaba un montón porque pensaba que todos los coches se estaban saltando el semáforo. Y alguno se lo saltaría, pero la triste realidad es que... ¡podían pasar! Las estupendas y super lógicas normas de circulación chinas dictan que un vehículo que va a girar a la derecha no depende del semáforo (en la mayoría de los casos, en algunos cruces los giros a la derecha sí que están regulados con semáforo), así que cuando está en verde para los peatones, no olvides mirar hacia la izquierda para esquivar los coches que vienen girando.
En este cruce justo debajo de mi ex oficina en Shanghai estuve a punto de morir varias veces.

Esta norma que parece tan estúpida en realidad tiene su aquel. En teoría, los vehículos girando a la derecha y encontrándose con un paso de peatones en verde deberían ceder el paso. Pero aquí llega la segunda característica de la conducción china: ceder el paso es de pringaos. Nadie, nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, cede el paso, ni en un cruce ni en un paso de peatones. Los conductores chinos siempre están inmersos en una especie de "pique" y dejar que gane el enemigo es impensable. Cuando le dije a C. que en España normalmente paras para que cruce la gente (vale, no todo el mundo lo hace, pero es relativamente normal y te miran mal si no lo haces), me dijo que en teoría en China también es así pero nadie lo respeta. De hecho, cuando paramos ante pasos de peatones sin semáforo, las personas que están esperando para cruzar se quedan paradas y no se atreven. Probablemente piensan que es una broma y que vamos a acelerar de repente y atropellarlos. Y, por supuesto, los coches de detrás empiezan a pitar como locos. ¿¿Ceder el paso a los peatones?? ¿¿Estamos tontos o qué??

Sin embargo, a partir de ahora las cosas van a cambiar. A lo mejor. Al menos en Suzhou. Desde hace unos días, las normas de circulación en Suzhou dictan que los coches se tienen que parar obligatoriamente en los pasos de peatones. Si no lo hacen, una cámara colocada en el lugar apropiado les hará una fotito y les enviará una multa. La multa no es muy cuantiosa, creo que son 50 yuanes (unos 7 euros), pero yo ya he visto un par de coches cediendo el paso a los peatones. ¡¡Increíble!! Veremos si a partir de ahora no siento que me estoy jugando la vida cada vez que bajo el escalón de la acera.

martes, 21 de julio de 2015

Horrores estilísticos chinos

Una de las cosas que me gustan de China es la alegría con la que los chinos se ponen cualquier cosa para salir a la calle y nadie les mira mal ni les dice nada. Yo una vez cuando tenía 16 años me teñí el pelo de rojo y un viejo por la calle, en Cáceres, me dijo que qué feo era mi pelo. En China nadie hubiera ni pestañeado, desde luego. Me mirarían por ser extranjera, pero si fuera china y llevara el pelo rojo a nadie le sorprendería. De hecho, últimamente se han puesto de moda (al menos en Shanghai y Suzhou) los pelos azules y morados, no en jóvenes de estética punk, sino hasta en señoras de mediana edad. Melena completa, media, o solo las puntas. He visto de todo.

Quizás este post debería llamarse más bien "curiosidades estilísticas chinas", pero horrores llama más la atención y vende más, ¿verdad? Vamos pues con la lista que he elaborado. Ya sé que este post sin fotos no vale nada, así que he sacado unas cuantas de Baidu (el google chino), porque la verdad es que propias no tengo. Siempre he querido sacar una foto al señor en pijama en plena calle o a la señora con el peinado de Marge Simpson, pero me da vergüenza.

- Gente en pijama por la calle
El clásico de los clásicos, especialmente en Shanghai y zonas circundantes. ¿Que tienes que sacar al perro? Uf, qué pereza cambiarse, ¿no? Ale, en pijama. Ay, si solo fuera eso... yo he llegado a ver parejas en pijama pasear por el centro comercial (esa foto si debería haberla hecho). Hay dos tipos de pijama: el modelo de verano y el de invierno.

Pijama de verano.

Pijama de invierno. 
He de reconocer que yo he paseado a la perra y he ido al supermercado de abajo en pijama. No es el pijama que uso para dormir, ¿eh? Es el de estar en casa.

- Estampados imposibles y brilli brilli
Ir a una tienda china a comprarse ropa puede ser una auténtica misión imposible. Huy, esa blusa parece que es mona... hasta que le das la vuelta y tiene más chorreras que una telenovela colombiana de los 80, o un pegote de diamantes falsos formando un corazón. La ropa de estilo chino siempre, siempre, tiene algo que falla.

Del mismo modo, a veces por la calle puedes ver a señoras con unas combinaciones que gritan "cómprese un espejo" a voces. Flores con cuadros, colores inimaginables, ¡todo es posible! ¡Que no coarten tu creatividad!

- Gafas sin cristales
Esta moda comenzó en Asia hace ya años y luego se extendió a Occidente. Buscando fotos para ilustrar este punto he encontrado muchas webs en las que critican a los que llevan gafas sin cristales. A ver, he de reconocer que a mí también me pareció la gilipollez máxima la primera vez que lo vi, pero oye... a mí me gustan las gafas. Si no las necesitara a lo mejor también me las pondría solo como accesorio. Sobre todo si son tan monas como estas.


Mientras buscaba esta foto de las gafas he encontrado esto:

Lentillas de Hello Kitty. Esto sí que es terrorífico.
No las he visto nunca en directo y de hecho no sabía de su existencia hasta ahora mismo. Lo que sí llevan muchas chinas jovencitas son unas lentillas negras que hacen que el ojo les parezca más grande y dan miedo, mucho miedo. En la foto también se pueden apreciar las pestañas postizas, complemento indispensable para las noches de fiesta.

- Chándal y tacones
Este es difícil de encontrar, pero juro que yo lo he visto. Chica o señora con chándal de felpa, de esos de Juicy, bolso copia de Chanel y tacones. No puedo decir más que: ¡olé!

- Pantalones de chándal y camisa
Esta es la versión masculina del chándal y tacones. Camisa o jersey de lana con pantalones de chándal y zapatillas de deporte. El horror máximo. Yo en Beijing tenía un pretendiente que solía ir con este look. La otra versión masculina del horror supremo son los pantalones de pinzas con el típico zapato de piel horroroso que llevan los hombres chinos de pueblo, calcetines blancos y una parte de arriba de chándal. ARGH. Esto se ve mucho en el campo.

- Pantalón sobaquero
Esto también se ve mucho entre los hombres chinos de cierta edad. El líder indiscutible de este movimiento es el ex presidente Jiang Zemin, al que reconoceréis en la foto sin que os señale cuál es.



- Sandalias con calcetines media
Parece que a muchas chinas les diera miedo ponerse unas sandalias a pelo, sin nada más. ¡Ay, a ver si se les va a resfriar el pie! ¿O será para evitar las rozaduras? El caso es que los calcetines de media color carne combinados con sandalias feas o bonitas, en mujeres de todas las edades, son una imagen normal en las calles chinas.

- Facekini
Este llama mucho la atención en internet, pero la verdad es que yo nunca lo he visto en vivo y en directo. Lo que sí se ve mucho son señoras en moto con una especie de visera de soldador que les cubre toda la cara y guantes largos hasta el hombro, que aquí ponerse morena es una desgracia sin igual.
El bañador también es precioso.


Bonus track: moda infantil
Con lo monísima que puede ser la ropita de niño, en China se las han ingeniado para llevar a sus retoños horrorosos. La ropa en las tiendas de niños es fea, fea. Volantes y gasas a más no poder para las niñas. La prenda estrella en invierno es un mono-abrigo muy grueso con el que el niño parece una estrella de mar. Por supuesto, debajo lleva 28 capas más, a ver si va a pasar frío. Los chinos llevan a rajatabla lo de "más vale sudar que estornudar" y los niños chinos podrían criar pollos entre sus capas de ropa.
Parece una bola. Y atención, que está dentro de casa, no en la calle.

martes, 7 de julio de 2015

Las callejuelas de Suzhou

Estamos teniendo un verano que no nos lo creemos. ¡Un frescor! Solo ha hecho calor asqueroso un día. Hoy hasta he tenido que rescatar los vaqueros largos del armario porque ayer pasé frío. ¡¡Frío!! ¡¡En julio!! ¡¡En Shanghai!! ¡¡Esto es inaudito!!

Lo único malo es que este frescor se debe probablemente a que lleva un mes lloviendo sin parar. Con tanta agua no apetece mucho salir de casa a encharcarse los pies, así que llevo varios fines de semana encerrada en casa con mi maravilloso sofá y la lentitud exasperante del internet chino, especialmente irritante por las noches y los fines de semana. Bueno, solo va lento con las páginas web alojadas en servidores en el extranjero, las páginas chinas cargan perfectamente. Parece que estuviéramos en Corea del Norte, leches.

El domingo pasado no llovía mucho y por fin nos decidimos a asomar el morro. La empresa de C. le había regalado dos cajas de melocotones (por haber tenido que ir a una reunión en sábado) y fuimos a llevarle una a sus padres. Sus padres (y la abuela) viven en el centro, en una zona de callejuelas que me recuerda un poco a los hutong de Beijing, pero con menos fama. Bueno, su calle en particular la han invadido los recicladores y está todo lleno de mierda, cartones y piezas metálicas, pero por los alrededores hay algunas calles monas. ¡Y super tranquilas! Y eso que están en pleno centro de Suzhou, muy cerquita de Renmin Lu y Guanqian Jie. 

En estas callejuelas las casas son bajas, como mucho tienen dos pisos, y no son muy grandes. A muchas de ellas se entra desde una puerta principal que da a la calle y que se divide en varios pasillos/calles. Una tranquilidad, oigan. No había ni un ruido en algunos callejones; en otros solo se oía a las abuelas charlando. Delante de una casa había un water viejo haciendo de portamacetas pero me dio vergüenza hacerle una foto porque había una abuela mirándome. Tendré que volver.

Entrada a una "comuna".

En esta zona todavía quedan muchos pozos antiguos que la gente que vive allí sigue usando para lavar la ropa y las verduras.


La mayoría de los habitantes son abuelos/as que han vivido aquí toda la vida e inmigrantes que buscan una habitación céntrica y barata, aunque no tenga muchas comodidades.

La "calle principal".
También vimos varios ejemplos de habitación con ventanas por ambos lados y haciendo una especie de túnel en la calle.
Así como esta.
También vimos a un pariente de Nico que se acababa de dar un baño:

Gordo como un rulo.

Y una colada muy blanca, muy larga y muy pública:



Hay que salir de paseo de vez en cuando para ver cosas interesantes.

miércoles, 18 de febrero de 2015

¡Feliz Año Nuevo Chino!

¡Hoy es el último día del año del caballo! Mañana comienza el año de la oveja/cabra (羊 yang). Este año no tiene juegos de palabras, como el del caballo, que trajo mucho choteo en internet. Esta vez la llegada del año nuevo se ha caracterizado por las señoras en avanzado estado de gestación que han programado cesáreas para que sus bebés nacieran bajo el afortunado signo del caballo y no el de la oveja, que es un signo bastante mierdoso según la superstición china (solo uno de cada diez ovejas tendrá éxito en la vida). También se ha puesto de moda mandar hongbao (sobres rojos con dinero dentro que se dan tradicionalmente por año nuevo) por WeChat, el whatsapp chino, provocando el colapso de mi móvil. Los de mi empresa se han vuelto locos y llevan varios días enviando hongbaos como si se fuera a acabar el mundo. Tenemos un grupo de WeChat con unas 200 personas y cada vez que miro el móvil hay 2000 mensajes nuevos. Mirándolo por el lado bueno, he conseguido unos 200 RMB con la tontería esta pero no ha sido fácil, hay que ser rápido y darle al hongbao antes que nadie.

La fiesta de mi empresa fue el sábado pero de eso ya hablaré más adelante cuando tenga en mis manos las fotos y vídeos del evento. Como adelanto puedo decir que nuestro baile ganó el segundo premio y que me tocó un iPhone 6 (en las fiestas de empresa chinas se hacen sorteos de regalos).

Estoy de vacaciones hasta el día 26 y mañana C. y yo nos vamos a Tianshui, provincia de Gansu, a pasar cuatro días. Os dejo mientras tanto con unas fotillos de la decoraciones de Año Nuevo Chino que vi ayer dándome un paseo por Nanjing West Rd. en Shanghai.



Decoración patrocinada por Monopoly (sí, el juego de mesa).






¡Feliz Año Nuevo Chino de la oveja/cabra!


miércoles, 4 de febrero de 2015

El paseo matinal

Una de las cosas que más me gustan de mi nuevo trabajo es que puedo ir andando. Bueno, también tiene que ver que busqué un piso que estuviera cerca, claro. Vivo en una zona muy animada y todas las mañanas veo cosas curiosas en los 10 minutos que dura mi paseo a la oficina. Por ejemplo, hoy he visto 10 o 12 jubilados haciendo cola en la puerta del banco, esperando a que abriera. Cuando el guardia de seguridad ha abierto la puerta han entrado corriendo en tromba. Como si fuera el Corte Inglés el día que empiezan las rebajas. Señora, cuidado con esa cadera. Otro día también vi a 15 o 20 abuelos haciendo cola en la puerta de una peluquería. Resulta que el día 18 de cada mes ofrecen cortes de pelo gratis a los mayores de 60 años. Y un abuelo JAMÁS deja pasar algo gratis, aunque suponga hacer dos horas de cola.

En la puerta de mi urbanización hay un cruce de calles y un carril para girar a la izquierda. Pero también hay una señal que dice que de 7 a 10 de la mañana no se puede girar a la izquierda. La policía está allí todas las mañanas sin excepción pillando a pobres desprevenidos. Me encanta la cara de cordero degollado que ponen los conductores cazados. Otros empiezan a reírse con esa risilla nerviosa de los chinos cuando les pillas haciendo algo mal. Los taxistas me dan bastante pena, si les quitan puntos y pierden el carnet qué hacen, los pobres.

La poli ha pillado al de la furgoneta. También se puede ver la señal causante de tanto jaleo.

Ayer montaron una exposición de vacas de colorines justo debajo de mi oficina. He preguntado pero nadie sabe el motivo. A mí me parece raro, la verdad, si el año que viene (que empieza el 19 de febrero) es el año de la oveja, ¿por qué ponen vacas?






martes, 1 de julio de 2014

A empujar el autobús

A veces me da por pensar qué es lo más raro que he visto o me ha pasado en China. Y me acuerdo de la anécdota del autobús. No sé si es lo más curioso que he presenciado aquí, pero se me ha quedado grabado.

Cuando todavía vivía en Beijing, una tarde salí de compras con una amiga. Queríamos ir al centro y cogimos un autobús; en aquella época no había ninguna línea de metro que fuera a donde queríamos ir. En el centro de Beijing muchos de los autobuses son en realidad trolebuses y tienen unos cuernos que van enganchados a los cables de la calle. A los 5 minutos de subirnos sonó un pitido y el trolebús se quedó parado en medio de la calle: se había estropeado. Nos esperamos un momento a ver si el conductor era capaz de volverlo a arrancar o no; al ver que no, pensé que nos dirían que nos bajáramos y nos montáramos en el siguiente bus.

Por aquellos entonces, en la mayoría de autobuses, aparte del conductor, había un señor o señora (normalmente señora) que vendía los billetes y controlaba que la gente con tarjeta de transporte "fichara" al subir. Estas señoras tenían un superpoder alucinante: no importaba que el autobús estuviera lleno a reventar o que entraran 30 personas en tromba, ella sabía perfectamente quién había fichado y quién no, y desde una distancia de 10 metros, con un millón de personas apretujadas entre tú y ella, te señalaba con el dedo acusador mientras pegaba un berrido de espanto: "¡Compra el billete!!!".

¿Por dónde íbamos? Ah, sí, se había estropeado el trolebús. Cuando yo ya estaba esperando a que abrieran la puerta para dejarnos coger el siguiente bus, la señora que vendía los billetes gritó: "¡Todos abajo! ¡Vamos a empujar el autobús!". "¿Pero de verdad se cree que alguien se va a poner a empujar el autobús?", pensé yo. Para mi sorpresa, sí. Todo el mundo se bajó del autobús, excepto unas cuantas señoras mayores que se quedaron sentadas, y se puso a empujar. La señora de los billetes gritaba: "A la de una, a la de dos, y a la de tres!", y a la de tres había que pegar el empujón.






Como se puede ver en las fotos, el autobús era de esos dobles. La señora de los billetes decía 加油 (ánimo!) con mucha energía y la gente empujaba con todas sus ganas, pero evidentemente aquello no se movió ni un milímetro. Finalmente, la señora de los billetes se dio por vencida y nos dijo que nos metiéramos dentro y que vendría a recogernos otro autobús. Y así nos fuimos sin saber qué pasó con el pobre trolebús y la señora de los billetes.

lunes, 19 de mayo de 2014

Una más en la familia

Desde hace una semana somos tres en casa. Esta es nuestra nueva compañera de piso. Se llama Nico (de Nicole).


Nico es un Golden Retriever de 6 años y pico y está como una vaca. Antes era de Charley, luego se la dio a un amigo, ahora el amigo está enfermo y no la puede cuidar. Así que nos la hemos traído al piso.

Yo siempre he pensado que un piso no es el mejor sitio para un perro grande, pero Nico es totalmente un perro casero. Durante el día, cuando estamos trabajando, está tranquilamente tumbada y no hace nada, ni muerde cables, ni muebles, ni rompe nada. El único pero que tengo es que mi suelo siempre está sucio, de pelos rubios, restos de babas y huellas cuando venimos de la calle.

A Nico no le gusta hacer ejercicio (de ahí su sobrepeso) y cuando salimos a la calle enseguida quiere volver a casa. Pero como tiene que perder 8 kilos la obligamos a andar. A veces se pone tozuda, estira hacia atrás y no quiere moverse. En esos casos hay que sobornarla con un huesito de pienso prensado. Y es que si algo le pierde es la comida. Esta tarde se acababa de comer un huesito y su bol de pienso; yo me estaba comiendo una zanahoria y ha venido a ponerme la cabeza en la pierna y a mirarme con cara de penita. Le he dado la mitad de la zanahoria. Soy una blanda.

Dame argoooo

Cuando llueve es un rollo porque se pone pingando y luego me deja el suelo hecho un cristo, así que C. compró en Taobao un impermeable y unos zapatos perrunos. Ayer fuimos a la tienda de mascotas a bañarla y al ir a recogerla aprovechamos para probarle las cositas nuevas.

El impermeable, con pantaloncitos y todo.

Ponerle los zapatos fue un show, y no me he reído más en mi vida. Si nunca habéis visto a un perro andar con zapatos podéis ver este vídeo (yo había visto a perros con zapatos por la calle en China, pero ya estaban acostumbrados, andaban bien y no eran graciosos).

El proceso de ponerle los zapatos
Señora que pasaba por allí y que también se estaba partiendo

Tras andar un rato por la tienda y acostumbrarse salimos a la calle con los zapatos, pero son un rollo, es muy difícil ponerlos bien y se van saliendo poco a poco.



Desde que tenemos perro me he vuelto famosa en el vecindario. La gente se para a hablar conmigo, me comentan que qué gorda está (lo sabemos, 40 kg de pura grasa) y de paso la soban un poco. Bueno, hay gente que le tiene miedo. Hay chinos que le tienen respeto a los perros grandes. Pero tenerle miedo a un golden retriever es como tenerle miedo a un oso de peluche gigante.

Todos los guardias de seguridad de la urbanización me deben conocer como "la laowai con el perro gordo". El sábado por la tarde se pusieron varios a hablar conmigo y aprovecharon para hacerme el típico interrogatorio: de dónde eres, cuánto tiempo llevas en China, qué bien hablas chino, etc; por la noche me crucé con un guardia distinto que me dijo: Te conozco, tú eres de España. Los cotilleos vuelan. Y si siendo extranjera te señalan con el dedo y te gritan hallo, con perro no te quiero ni contar.

martes, 29 de abril de 2014

Street art en Suzhou

En Suzhou no hay graffitis. Bueno, en China en general no hay graffitis. Yo solo he visto en la zona de 798 en Beijing, y en Moganshan Rd en Shanghai. Por cierto, graffiti en chino se dice 涂鸦 tuya.

Así que en Suzhou lo único que podemos considerar "street art", en el más amplio sentido del término, son las estatuas que hay por todas partes en mi barrio, en especial en los alrededores del lago. Os dejo con una pequeña selección:

En un lugar de Suzhou de cuyo nombre no quiero acordarme...


No, yo tampoco sé por qué hay una estatua de un perro oliéndole el culo a un niño