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jueves, 18 de junio de 2020

¿Seré gafe?

Yo no sé qué pasa con esto del coronavirus, pero basta que yo diga una cosa en el blog para que la situación cambie radicalmente.

Por ejemplo, en la entrada anterior, de hace 10 días, escribí: "A día de hoy, me parece que no queda ningún lugar de alto riesgo en toda China".

¿Y qué pasó 4 días después? Que, de repente, hubo un rebrote en Beijing. Llevaban casi 2 meses sin casos nuevos, y ahora en una semana han encontrado 137. Todos los casos están relacionados con un mercado mayorista de productos frescos y se encontraron rastros del virus en una tabla que se usaba para cortar salmón importado. Veo que en las noticias en español dice que se ha recomendado no comer salmón, que en muchos sitios ya no lo venden y que se han desplomado las ventas, pero no sé si será solo en Beijing porque yo estoy mirando en el supermercado online y sigue habiendo salmón, y al mismo precio (caro) de siempre. Yo que quería aprovechar para hacer acopio a precios populares, pero mi gozo en un pozo. De todas formas, si C. me viera comprando salmón le daría un patatús, probablemente. Curiosidad sobre este tema: si escribes "salmón" en Baidu, el Google chino, la primera sugerencia que te da para continuar la frase es "probablemente no tiene la culpa", o sea que se sabe que la recomendación de no comerlo es pura precaución extrema.

El salmón se pregunta: "¿Yo he traído la neumonía? ¿Y dónde leches están mis pulmones?". En chino, a la COVID-19 la llaman "nueva neumonía" y neumonía en chino son los caracteres de pulmón e inflamación.

Este no es un meme chino pero me ha hecho gracia.


Da mucho canguelo esto de Beijing porque demuestra que en cualquier momento y lugar puede haber un rebrote. Si esto ha pasado en un sitio donde llevaban 2 meses sin registrar casos, ¿qué va a pasar en España? Allí la gente está volviendo a la normalidad y se está empezando a hablar de irse de vacaciones, pero se han registrado 4173 casos nuevos en la última semana. 1378 de esos casos se han encontrado en Madrid, una comunidad de  6,6 millones de habitantes, y la desescalada sigue como si nada. En cambio, en Beijing, con 21,5 millones de personas, encuentran 137 casos y vuelven a cerrarlo todo y a tomar medidas. Yo no sé qué queréis que os diga. Es que lo raro sería que no hubiera rebrotes en España.

El rebrote este de Beijing probablemente también provoque que China tarde aún más en abrir las fronteras... a lo mejor ni para Navidades puedo ir a España. Cada vez soy más pesimista con este tema. De momento se sabe que como mínimo hasta octubre no se aumenta la frecuencia de vuelos internacionales. Ahora mismo hay muy pocos y los billetes están carísimos. La hija de un conocido de C. estaba estudiando en Estados Unidos y se tenía que volver porque ya se había graduado y se le acababa el visado. Pues le ha valido el billete la friolera de 80.000 yuanes, más de 10.000 euros.

Lo de la frontera es otro ejemplo de mis tendencias gafes. El lunes 23 de marzo escribí una entrada titulada "Ahora lo peor es volver" en la que hablaba de los tests y la cuarentena que tenían que hacer todos los que llegaran a China desde el extranjero. "China no ha cerrado sus fronteras ni prohíbe la entrada de personas que hayan estado en tal o cual sitio", dije yo. ¿Y qué pasó tres días después, el 26 de marzo? Que China anunció que a partir del 28 de marzo no entraba ni Dios que no tuviera pasaporte chino. Ni residentes de larga duración, ni gente con permiso de trabajo, ni extranjeros con familia en China, ni nada. Todos a tomar por saco, y avisando con solo dos días de antelación. Total, que muchos extranjeros que viven aquí y que estaban fuera en esos momentos, se han quedado fuera y a saber cuándo podrán entrar. Y los que estamos aquí, si salimos no podemos entrar tampoco, claro.


viernes, 4 de mayo de 2018

Las marcas y las falsificaciones

Allá por el pleistoceno, cuando llevaba poco tiempo estudiando en Beijing, vino mi familia a visitarme. Como querían ver otras partes de China y yo tenía clase contrataron un viaje organizado desde España y yo me acoplé los días que estuvieron en Beijing. El resto de la gente del viaje organizado eran parejas de mediana edad y recién casados. En el itinerario había previstas visitas a la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, la Gran Muralla y demás lugares turísticos imprescindibles... pero el sitio al que todo el mundo estaba deseando ir (sobre todo las mujeres) era el Mercado de la Seda.


Por aquel entonces, yo ya había ido un par de veces al Mercado de la Seda y ya le tenía mucho asco. El Mercado de la Seda es un lugar de agobio y perdición donde van los turistas a comprar, principalmente, falsificaciones de marcas famosas de ropa, zapatos y bolsos. También hay seda, perlas y recuerdos típicos, pero eso ya a la gente le importa menos. ¡¡Ellos han venido a comprarse el bolso de Prada y las camisas de Ralph Lauren!! Incluso los extranjeros que viven aquí, muchas veces van a mercados de este tipo a comprar regalos de navidad antes de volver a su país.
Venga las Uggs, las Nike, las Converse, niña, barato, barato.


El procedimiento a seguir en el mercado de la seda es: te paseas por entre los puestos, te paras en uno a mirar algo y enseguida viene la dependienta a decirte "Barato, barato" (solo con verte la pinta ya sabe de dónde eres). Le preguntas cuánto valen los Levi's falsos que tienes en la mano y te da un precio más caro que si fueran auténticos. Pones cara rara y entonces te da la calculadora y te dice que le escribas un precio. Escribes un 10 % del precio que ella ha dicho y, tras poner cara de súper ofendida, escribe un precio un pelín más bajo que el primero. Si dices que no te interesa y te vas, ay amigo, te perseguirá por los pasillos y te agarrará del brazo para arrastrarte de vuelta a su puesto. Algunas veces incluso te llaman tacaño, así, en español.

Me intriga el tema de las falsificaciones. ¿Por qué la gente las compra? ¿La intención es que, al llevarlas puestas, los demás piensen que de verdad llevas un bolso de Chanel de 4000 euros? (O lo que valgan los bolsos de Chanel, que no tengo ni la menor idea). ¿O las compran simplemente porque les gusta el diseño pero no se pueden permitir el bolso auténtico? ¿De verdad a alguien le gusta el típico bolso de Louis Vuitton con las iniciales estampadas?

Me hace mucha gracia que los españoles vengan a China a comprar falsificaciones y los chinos vayan al extranjero a comprar los productos auténticos. Una vez que fui a Hong Kong me encargaron comprar un cinturón de Burberry (300 euros del ala) y en España compramos una vez un bolso de Louis Vuitton. Por lo menos no era el del estampado horroroso. No me acuerdo cuánto costó, ¿3000 euros? Pesaba como un muerto. Llevarlo colgado del brazo será como hacer pesas.

En el Mercado de la Seda también venden maletas, para que metas dentro todo lo que has comprado.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Visita familiar I: Beijing

¡Ya estoy de vuelta después de mis vacaciones de dos semanas! He estado de ruta turística por varias ciudades del este de China con mis padres, mi hermano, su novia, dos tías, un tío y un primo. ¡Y C., claro!

La primera parada de la ruta fue Beijing. Yo viví allí durante 3 años y me gusta ir de vez en cuando y ver cómo sigue todo. Esta vez me dio la sensación de que había más árboles. No son imaginaciones mías, ¿verdad? Deben haber plantado muchos árboles nuevos. Toda la ciudad estaba llena del polen ese que parece algodón.

La visita familiar empezó con el pie izquierdo porque todo el mundo tenía que haber subido al mismo avión en Londres para llegar juntos a Beijing, pero la mitad de la tropa se quedó en tierra porque al Madrid-Londres se le pinchó una rueda. En serio. Así que nos tocó ir dos veces al aeropuerto en el mismo día para recibir a los visitantes. Pero, aparte de eso, todo lo demás salió bien.

En Beijing hay millones de cosas para visitar, pero cuando vas con los días contados hay que elegir. Esta vez visitamos, en orden cronológico: la casa de Mei Lanfang (estaba al lado del hotel), Houhai, Beihai, el Templo del Cielo, el Palacio de Verano, la Gran Muralla, Nanluoguxiang, Qianmen, Tiananmen, la Ciudad Prohibida y Jingshan.

Al parque Beihai yo solo había ido una vez, hace ya 10 años. Estaba hasta la bandera porque era domingo y antes de festivo (el Día del Trabajo).
El lago estaba muy concurrido.

El hotel estaba en Huguosi Hutong, una calle muy famosa por sus restaurantes. Los hutongs de allí también son muy monos.
En esas sillas casi siempre había algún abuelo sentado viendo la vida pasar.

El Templo del Cielo no es de mis sitios favoritos de Beijing, pero hay que llevar a los visitantes. Por lo menos como es grande no se notan tanto las aglomeraciones.
Pero haberlas, las había.

En un centro comercial que hay enfrente del Templo del Cielo encontramos el famoso dispensador de papel higiénico con reconocimiento facial.
Pero no es cierto lo que pone en la noticia de que solo te da papel cada 9 minutos. Si te vuelves a poner delante te da papel otra vez...

Al Palacio de Verano tenía muchas ganas de ir; creo que la última vez que estuve allí fue en 2009. Es un sitio muy bonito.
Foto de grupo.

El puente famoso del Palacio de Verano y que no me acuerdo cómo se llama.

Había que montar en barco, por supuesto. Pero de pedales no, que hacía mucho calor...

Con la Gran Muralla tuvimos mucha suerte. Fuimos justo el día después de que se acabara el puente de mayo, a una parte a la que yo no había ido nunca (黄花城 huanghuacheng) y no había nadie. Además, la zona era súper bonita.
¡Viva Huanghuacheng! ¡Muerte a Badaling!



El día que fuimos a Tiananmen ya se notaba en el cielo que algo se avecinaba... ¡al día siguiente hubo una tormenta de arena!
¿Qué harán luego con las fotos que se echan con los extranjeros?

La Ciudad Prohibida tampoco es de mis sitios favoritos, pero hay que ir. ¡Ah! He leído que a partir de octubre solo venderán las entradas por internet, así que estad al tanto si tenéis pensado ir. Había bastante gente (y eso que no era festivo).
Pero toda la gente va por el camino del medio, los lados suelen estar más vacíos.

Y así, a grandes rasgos, fue la primera parada de nuestro viaje.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los abuelos marchosos

Una de las cosas que más me sorprenden de China es lo activas que son las personas mayores. ¡Nada de sentarse en el parque tranquilamente a tomar el sol, aquí los viejitos hacen taichi, gimnasia y bailan en la calle! También es verdad que aquí la edad es jubilación es menor que en España: 60 años para los hombres y 50-55 para las mujeres. (La edad de jubilación de las mujeres debe ser de las más bajas del mundo. La esperanza de vida de las mujeres en China es de 77 años).

El "deporte" más popular entre las mujeres es el baile en calles y plazas. Esta actividad se llama 广场舞 guangchang wu en chino y se ha convertido en todo un fenómeno de masas. Si estás en China y pasas por una zona residencial sobre las 7-8 de la tarde, vas a ver a grupos de señoras meneando el esqueleto al son bien de canciones tradicionales chinas o bien de temas discotequeros que no desmerecerían como banda sonora de los coches de choque de la feria. Y recuerda: ¡no nos mires, únete! En el vídeo se ve que alguna no se acuerda bien de la coreografía pero da igual, lo importante es participar.


(Por cierto, atención a este otro vídeo que me ha saltado en el Youtube: 20.000 personas bailando Xiao Pingguo. Da MUCHO miedo).

En Suzhou no recuerdo ahora si los he visto, pero en Beijing y en Shanghai hay gimnasios callejeros: máquinas y aparatos de metal donde se pueden ejercitar diversas partes del cuerpo. Muy populares entre los jubilados y también entre los estudiantes pobres que no quieren pagar la suscripción del gimnasio. Es muy normal ver a abuelas subiendo la pierna hasta la altura del hombro o a señores flipándose en las barras paralelas como si estuvieran en Montreal'76.


Yo me conformo con la máquina de andar.

En Beijing también era de lo más normal ver a gente nadando en lagos y canales. No parecían preocupados por la limpieza (o no) del agua, ni por el frío... ¡porque nadaban en invierno también! ¡Al menos hasta que se congelaban los lagos y cambiaban el bañador por los patines de hielo!
En los detalles de esta foto pone que era 27 de noviembre... ¡¡dudo que hiciera mucho calor!!

martes, 9 de agosto de 2016

Los Juegos Olímpicos

Creo que este es el primer año que no he visto los Juegos Olímpicos en la tele. En China también los retransmiten, claro, pero no sé a qué hora, ni si tengo ese canal, ni nada. Hasta ahora, los Juegos Olímpicos siempre me pillaban de vacaciones en Chipiona y a la hora de la siesta siempre veía la gimnasia o algún otro deporte raro que solo sale en la tele una vez cada cuatro años.

En China, los Juegos ya han tenido la primera polémica con la pelea entre el nadador australiano y el chino. El nadador australiano dijo que el chino era un tramposo (dio positivo por dopping poco después de que un medicamento se añadiera a la lista de sustancias no permitidas) y China, como siempre, se lo ha tomado como una afrenta personal. Bueno, no China en general, sino la manada de gente que siempre se ofende por todo. Si normalmente en un país hay un 15% de imbéciles (por decir un número al azar), en China ese 15% es un número muy grande. Y claro, hacen mucho ruido y dejan mal a todo el mundo. Igual que hace unas semanas cuando el veredicto sobre unas islas del Mar de China Meridional dio la razón a Filipinas y muchos chinos se enfadaron, aguantaron la respiración hasta ponerse colorados y luego empezaron con pataletas de "no nos quitarán ni un pedacito", "vamos a anexionar Filipinas" y "vamos a boicotear Kentucky Fried Chicken porque seguro que los americanos tienen algo que ver en todo esto". En Hong Kong y Taiwan dicen que los chinos tienen el corazón de cristal y se les rompe muy fácilmente.

Bueno, ya me estoy yendo por las ramas. Yo quería hablar de la única vez que he visto unos Juegos en vivo y en directo: en Beijing 2008. No vi los Juegos de agosto sino los Paralímpicos de septiembre, porque durante ese verano de 2008 el gobierno hizo lo imposible por echar a todos los estudiantes de allí, denegando a quienes pedían alargar sus visados para poder quedarse. Pero en septiembre, cuando volvimos de las vacaciones, nos encontramos con que los tickets para los Juegos Paralímpicos prácticamente los regalaban: las entradas valían 50 yuanes, 5 euros en aquellos tiempos. No conseguimos entradas para la piscina, pero sí para el estadio del Nido. Y allá nos fuimos a pasar la tarde. Vimos carreras corriendo, carreras en silla de ruedas y no me acuerdo qué más. La cosa duró unas 4 horas y estuvo muy bien. A mí no me interesan especialmente las competiciones deportivas, pero estar allí era muy emocionante. Sobre todo cuando un chino ganaba la medalla de oro en una prueba y 90.000 chinos se ponían de pie a cantar el himno nacional. (Cuando ganaba un extranjero y sonaba el himno de otro país también se ponían todos de pie, pero no cantaban).

En el metro, camino de la zona olímpica con las entradas en la mano.

El estadio del Nido es chulísimo.

Por dentro. En marzo de 2013 fui otra vez y estaba todo bastante descuidado, el césped muerto, etc...


Aunque había ventanas y aberturas, la verdad es que en las gradas no corría mucho el aire y hacía bastante calor.

Al final de la jornada.

La mascota de los Juegos Paralímpicos. Dentro de la de la derecha se ve a un voluntario muerto de calor, jaja.
El Nido iluminado.

lunes, 31 de agosto de 2015

El Día de la Victoria

Este año tenemos un nuevo día de fiesta en China. Pero no os emocionéis, no nos están regalando un día de asueto por nuestra cara bonita. Mi teoría es que como el día del Medio Otoño cae en domingo e íbamos a tener un día menos de vacaciones este año, pues se han sacado este día de fiesta nuevo de la manga.

El nuevo día de fiesta es este jueves, 3 de septiembre. ¿Y el motivo? El 70 aniversario de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. El nombre oficial en China es "70 aniversario de las victorias del pueblo chino en la guerra de resistencia contra la agresión japonesa y del mundo contra el fascismo". Espero que no mencionen muchas veces el nombre completo en los discursos porque entonces eso puede parecer Fidel Castro en sus buenos tiempos.

No sé muy bien qué celebración va a haber más allá del super desfile militar en Beijing. A mediados de agosto hubo un par de ensayos del desfile y weibo y wechat se llenaron de fotos tan chulas como esta:

Pero no todo es humo de colorines, claro. Como es habitual cada vez que se acerca una fecha señalada, los preparativos comienzan con varias semanas de antelación. En Beijing han vuelto a limitar los coches que pueden circular según el último número de la matrícula sea par o impar; las fábricas contaminantes en muchos kilómetros a la redonda han tenido que cerrar desde mediados de agosto y ya no se pueden comprar drones por internet, por ejemplo. Los paquetes de mensajería con origen o destino Beijing se inspeccionarán más de lo normal. El día D, los dos aeropuertos de Beijing estarán cerrados durante 4 horas por la mañana, y por supuesto el metro y los buses no pararán en según qué sitios.

Vamos, que lo mejor es que los pekineses aprovechen el puente de tres días y se vayan a algún sitio de viaje. Porque sí, tenemos puente el 3, 4 y 5 de septiembre. Pero el día 6, domingo, toca trabajar para recuperar. ¡Mao nos libre de tener demasiados días de vacaciones!

martes, 31 de marzo de 2015

Fin de semana pekinés

Hacía justo dos años que no iba a Beijing. Ya tocaba, ¿no? No me queda ningún amigo allí, todos se volvieron a sus países, menos Jeni, a quien coincidí en Shanghai en 2010 y que ahora vive en Beijing con su marido. Este viaje ha sido una especie de reencuentro shanghainés ya que también fueron mis ex compañeros de piso. C. se ha aficionado a los trenes y no le salió de la punta de la nariz ir en avión, así que cinco horas de ida y cinco de vuelta. Que si te pones a pensarlo es casi lo mismo que ir dos horas antes al aeropuerto, aguantar el retraso seguro de los vuelos domésticos chinos, etc, así que ni tan mal. Además me vino bien para terminarme los dos libros que me estaba leyendo.

El sábado por la mañana fuimos a hacer un poco de turisteo. El cielo tenía un color un poco extraño, así como amarillento. Al mirar la aplicación que tengo en el móvil para comprobar el nivel de contaminación (desgraciadamente esta aplicación es imprescindible para todo el que viva en China) casi me da un patatús. ¡¡¡900!!! (La escala termina en 500, más de eso es el apocalipsis. El nivel ideal es menos de 50). Pero al mirar con más detenimiento vi que no eran 900 de PM2.5 (las partículas más pequeñas), sino de PM10. Las partículas grandes. Que había tormenta de arena, vamos. Al poco rato empecé a moquear y a rascarme los ojos. Pero para día y medio que íbamos a estar en Beijing había que aprovechar. Por la tarde pasó la tormenta y el cielo estaba un poco azul.

Haciendo el tonto en un gimnasio callejero en un hutong. En la esquina podéis ver el color sospechoso del cielo.

Qué pena de cielo. Con lo bonito que es Beijing.

Uno de mis sitios turísticos favoritos en Beijing es el Templo de los Lamas. Allí se está tranquilo, aunque haya mucha gente. En todo el rato que estuve allí solo una china levantó la voz para llamar a su amiga y la fulminé con la mirada.

Entrada al templo con aparición estelar de un lama.

¡¡Cielo azul!!






Por la noche fuimos a comer pato laqueado. También hacía mil años que no lo comía. Y luego, en vez de salir, nos quedamos en casa de Jeni y Kirk jugando a juegos de cartas, primero uno que se llamaba Wizard y luego uno que se llamaba Cards Against Humanity, que me encantó y me recordó un poco a Absolutas Idioteces, juego de mesa al que jugaba de joven, pero en plan super bestia. Totalmente recomendado, aunque es conveniente tener a mano el Urban Dictionary para entender muchas de las cosas que pone. Hacía tiempo que no me reía tanto.

martes, 23 de septiembre de 2014

Cosas a las que terminas acostumbrándote en China

¡Pues ya estoy de vuelta en Suzhou! Creo que ya se me ha pasado el jet lag y ahora tengo que ir mentalizándome para empezar a buscar trabajo, aunque no creo que empiece en serio hasta que no vuelva de Taiwan (nos vamos allí del 1 al 7 de octubre). Y llevo unos días pensando en cosas a las que terminas acostumbrándote cuando vives en China. Como por ejemplo...

- Comer arroz todos los días. 
Cada vez que vuelvo a España mucha gente me pregunta: "¿No te aburres de comer arroz todos los días?". La verdad es que ni lo pienso. Simplemente, si comes comida china tiene que estar acompañada de un bol de arroz, de lo contrario te sientes raro. Yo no llego al extremo de algunos chinos, que dicen que si no comen arroz es como si no hubieran comido, pero para acompañar está bien, sobre todo cuando te ponen muchos platos con salsas aceitosas.
También es cierto que en muchos restaurantes medio finos el arroz ya se ve como algo vulgar; en ese tipo de sitios se come sin arroz y tampoco pasa nada (aunque seguro que muchos chinos tradicionales dicen que se quedan con hambre y piden un bol de arroz para rematar la faena).

- La comida picante.
Recuerdo la primera vez que compré un pinchito de carne en un puesto callejero, en mi primera semana en Beijing. Estaba cubierto de un polvillo rojo muy curioso y cuando le di el primer mordisco me salió fuego por la boca. ¿Pero cómo se podían comer eso tan tranquilos? ¡Si picaba como un demonio! Con la ayuda del pollo Gongbao y de la comida coreana fui acostumbrando el paladar a la comida picante y ahora ya puedo con casi todo. Me sigue dando respeto cuando te traen el típico plato de Sichuan en el que solo se ve rojo y sudo por las patillas mientras me lo como, pero me gusta.

El hot pot picante y el no picante.

- Beber agua caliente o del tiempo.
Los españoles están acostumbrados a beber agua de la nevera y se quedan ojipláticos cuando van a un restaurante en China y les ponen un vaso de agua humeante (sin té ni nada). Al principio a mí también me daba fatiga, beber agua caliente a palo seco es demasiado raro, pero después de un tiempo me acostumbré. Ahora soy incapaz de beber agua de la nevera, me duelen los dientes y todo. La prefiero del tiempo, aunque sea verano.

- Las preguntas personales.
La primera vez que un taxista pekinés te pregunta cuánto gana tu padre (la pregunta original era cuánto ganaba yo, pero en aquel momento yo no trabajaba) la situación te parece un poco violenta. Pero será cotilla este hombre, ¿a él qué le importa? Ocho años después, cuando el vigilante de tu residencial te pregunta que cuándo te vas a casar y a comprar un piso, que ya tienes una edad, sonríes y dices "Ya veremos". Qué vas a hacer, ellos son así y así seguirán, nunca cambiarán.

Estos niños se acaban de enterar de que todavía no me he casado.


- Salir a la calle en pijama.
Esto no lo vi apenas en Beijing, así que cuando me mudé a Shanghai me sorprendió ver a tanta gente por la calle en pijama. ¿Pero estos no eran los más glamourosos de China? ¡Pues vaya timo! ¿Cómo se atreven a salir así? He de confesar que en la actualidad paseo a Nico en pijama todas las noches (en mi defensa he de decir que no es un pijama que use para dormir, es solo el pijama de estar por casa).

- Los baños públicos.
Bueno, no creo que nunca nadie pueda acostumbrarse al olor de un baño público chino. Es difícil de explicar si nunca se ha estado en uno, pero huele como pises fosilizados de la prehistoria en un lugar que nunca ha conocido lo que es el desinfectante o la lejía. Simplemente aprendes a soportarlo durante unos segundos y salir corriendo de allí lo antes que puedas!


¿Se os ocurre alguna otra cosa? Seguro que me he dejado un montón en el tintero.

martes, 29 de julio de 2014

Los nombres en inglés de los chinos

Muchos jóvenes chinos tienen, aparte de su nombre chino, que es el que sale en su documento de identidad, un nombre en inglés. Lo eligen (o lo elige por ellos el profesor) cuando empiezan a estudiar inglés, ya que supuestamente los nombres chinos son tan complicados de pronunciar para los extranjeros que es mejor ahorrarles el esfuerzo. Pero los chinos no son los únicos que hacen esto, los estudiantes extranjeros que vienen a estudiar a China también se ponen un nombre chino, porque los chinos son incapaces de recordar un nombre extranjero.

Elegir un nombre en un idioma que no es el tuyo puede ser una tarea complicada. En cada cultura hay unas determinadas normas para la elección de un nombre propio. Por ejemplo, en España solemos elegir un nombre del santoral, casi nadie se inventa un nombre completamente nuevo y se lo pone a su hijo. En Filipinas sí hay mucha gente que se inventa los nombres (mítico es el caso de la conocida de un amigo que se llama Mary Christmas Aguinaldo (Aguinaldo es el apellido), hay que ser muy genio).

¿Y cómo se eligen los nombres propios en China? Aquí no hay santoral ni nada parecido, así que los padres eligen uno o dos caracteres que combinen bien, tengan un significado que les guste y además que queden bien con el apellido. ¿Suena fácil? Pues no lo es. Hay gente que se dedica profesionalmente a elegir nombres  de buenos auspicios y los padres pagan por ello. Incluso el tono que tengan los caracteres influye, una profesora de etimología que tuve en Beijing nos contó que ella a su hijo no le pondría en el nombre un caracter con el cuarto tono, que es descendente, porque entonces el hijo tendría una suerte descendente en la vida.

Un problema añadido es que, al ser tantos chinos, es difícil evitar que haya otras personas que se llamen como tú. La cosa se agrava si tenemos en cuenta que en China hay muy pocos apellidos (en Wikipedia está la lista de los 100 apellidos más comunes, que suponen el 85% de la población). Ahora está de moda ser único y original, así que los padres chinos tienen que estrujarse el coco buscando caracteres extraños para que su bebé no se llame como nadie más. Se da el caso de gente que tiene caracteres tan raros en su nombre que no se pueden escribir en el ordenador.

Pero bueno, estábamos hablando de los nombres en inglés que se ponen los chinos. Estos nombres no solo los utilizan durante su época de estudiantes, sino que también los usan cuando empiezan a trabajar. Incluso en las empresas estatales chinas a la gente le gusta utilizar su nombre en inglés como dirección y firma de los emails. Y también se lo ponen en las tarjetas de visita (las tarjetas de visita chinas tienen dos caras, una en chino y una en inglés).

Algunos de estos chinos no prestaron mucha atención en sus clases de inglés, o no tuvieron más contacto con el idioma más allá del colegio. Esto hace que elijan nombres digamos... un tanto peculiares. He aquí los nombres ingleses más extraños con los que me he topado:

- Banana. Banana en realidad pretendía ser un nombre español. Era de un chica china que estudiaba en mi universidad y quería hacer intercambio de idiomas. Anna y yo intentamos convencerla de que se cambiara el nombre, pero no hubo manera. Aparte de la cancioncita "el único fruto del amor es la banana", que Anna no podía dejar de cantar, banana también se usa para designar a una persona que parece china (amarilla) por fuera pero en realidad por dentro es blanca (occidental), por ejemplo, un chino nacido y criado en Estados Unidos.

- Demon. Demon es una chica china que conocí en mi viaje a Taiwan, era la amiga de un amigo. ¿Quién la engañaría para ponerse ese nombre? Nota: ella no hablaba ni una palabra de inglés.

- Calaja. Es un chico que entró hace poco a trabajar en mi empresa. ¿Qué tipo de nombre es Calaja? ¿De dónde leches lo habra sacado?

- Hermit. Hermit era el comercial de una empresa que me mandó un email para ver si hacíamos negocios. No sabía que los ermitaños tuvieran internet, se habrán modernizado.

- Mr. Abalon. Con el mr y todo, así firmaba los emails, debe ser para que se supiera que era un hombre. Mr. Abalon debe ser aficionado a comer marisco, ya que lo único que me parece que puede haber inspirado su nombre es lo que en China llaman 鲍鱼 y traducen como abalone, con e al final.

Yo esto nunca lo he comido en España, no sé cómo se llama en español.

Sobre este tema hay un vídeo de Sexy Beijing, grabado hace mil años, en la prehistoria de youtube.


La presentadora le pregunta a la gente que se cruza por la calle si tienen nombre en inglés o no, y se encuentra con propuestas tan originales como Samanfar ("suena mejor que Samantha") o Smacker. Aparte de por los nombres también está gracioso ver el vídeo porque se ve antiguo ya, aunque solo han pasado 8 años. Aunque hay cosas que no han cambiado en el verano pekinés, como por ejemplo los hombres con las camisetas remangadas enseñando la barriga.

martes, 1 de julio de 2014

A empujar el autobús

A veces me da por pensar qué es lo más raro que he visto o me ha pasado en China. Y me acuerdo de la anécdota del autobús. No sé si es lo más curioso que he presenciado aquí, pero se me ha quedado grabado.

Cuando todavía vivía en Beijing, una tarde salí de compras con una amiga. Queríamos ir al centro y cogimos un autobús; en aquella época no había ninguna línea de metro que fuera a donde queríamos ir. En el centro de Beijing muchos de los autobuses son en realidad trolebuses y tienen unos cuernos que van enganchados a los cables de la calle. A los 5 minutos de subirnos sonó un pitido y el trolebús se quedó parado en medio de la calle: se había estropeado. Nos esperamos un momento a ver si el conductor era capaz de volverlo a arrancar o no; al ver que no, pensé que nos dirían que nos bajáramos y nos montáramos en el siguiente bus.

Por aquellos entonces, en la mayoría de autobuses, aparte del conductor, había un señor o señora (normalmente señora) que vendía los billetes y controlaba que la gente con tarjeta de transporte "fichara" al subir. Estas señoras tenían un superpoder alucinante: no importaba que el autobús estuviera lleno a reventar o que entraran 30 personas en tromba, ella sabía perfectamente quién había fichado y quién no, y desde una distancia de 10 metros, con un millón de personas apretujadas entre tú y ella, te señalaba con el dedo acusador mientras pegaba un berrido de espanto: "¡Compra el billete!!!".

¿Por dónde íbamos? Ah, sí, se había estropeado el trolebús. Cuando yo ya estaba esperando a que abrieran la puerta para dejarnos coger el siguiente bus, la señora que vendía los billetes gritó: "¡Todos abajo! ¡Vamos a empujar el autobús!". "¿Pero de verdad se cree que alguien se va a poner a empujar el autobús?", pensé yo. Para mi sorpresa, sí. Todo el mundo se bajó del autobús, excepto unas cuantas señoras mayores que se quedaron sentadas, y se puso a empujar. La señora de los billetes gritaba: "A la de una, a la de dos, y a la de tres!", y a la de tres había que pegar el empujón.






Como se puede ver en las fotos, el autobús era de esos dobles. La señora de los billetes decía 加油 (ánimo!) con mucha energía y la gente empujaba con todas sus ganas, pero evidentemente aquello no se movió ni un milímetro. Finalmente, la señora de los billetes se dio por vencida y nos dijo que nos metiéramos dentro y que vendría a recogernos otro autobús. Y así nos fuimos sin saber qué pasó con el pobre trolebús y la señora de los billetes.

domingo, 23 de febrero de 2014

Viaje al pasado I: Datong, Pingyao y Xi'an

Como esta semana no tengo nada reseñable que contar he pensado escribir una serie de entradas sobre los viajes por China de los que no he hablado en el blog. El invitado de hoy es uno de los primeros viajes que hice por China: Datong, Pingyao y Xi'an, en enero de 2008. Fuimos en tren, saliendo desde Beijing. Era la primera vez que yo viajaba en plan mochilero.
1=Datong, 2=Pingyao, 3=Xi'an. Más o menos.

El viaje no empezó muy bien. Primero, para comprar los billetes de tren tuve que hacer cola en la calle a 7 grados bajo cero durante una hora (era justo antes del Año Nuevo Chino). Segundo, el día de la partida, al llegar a la estación de tren, comprobamos con horror que nos habíamos equivocado de estación. ¡Pero quién les mandará construir varias estaciones de tren en la misma ciudad! Llegamos a la estación correcta dos minutos después de la hora de salida del tren marcada en el billete. Afortunadamente el tren se retrasó dos horas. Es la única vez que yo he visto que se haya retrasado un tren en China. Al lado de la definición de potra en el diccionario hay una foto nuestra.

El tren Beijing-Datong fueron 8 interminables horas de estar sentados en asientos duros como tablas y apretujados como sardinas en lata. Recuerdo a la gente hablando en un dialecto extraño del que no se entendía nada y a un niño que tenía las orejas muy cochinas, negras de mugre. Cuando llegamos a Datong ya era de noche y estaba nevando. Nos quedamos en un hotel al lado de la estación. No había reservado hostal por anticipado, cosa rara en mí, fanática de la planificación.

Al día siguiente contratamos un taxista para que nos llevara a ver lo más destacado de la zona: las cuevas budistas de Yungang y el monasterio colgante, a unos cuantos kilómetros de la ciudad.
Al llegar a las cuevas nos dimos cuenta de que, otra vez, habíamos tenido una suerte increíble. No había nadie, probablemente debido a que hacía muchos grados bajo cero. Teníamos las cuevas para nosotros. Esto de ir a un sitio turístico y que no haya nadie es algo que no se ha vuelto a repetir en mis años en China. Definitivamente, aquellos días los planetas estaban alineados o algo.

Las cuevas budistas de Yungang son, todavía, seis años después, probablemente el sitio más chulo que yo haya visto en China. Gracias al curso de historia china que estoy haciendo en EdX, ahora sé que se construyeron durante los siglos V y VI y que fueron la forma del gobierno de pedir perdón por haber intentando eliminar el budismo de China (intento que, por cierto, se volvería a repetir varias veces en siglos posteriores). La wikipedia dice que allí hay en total más de 50.000 figuras esculpidas en la roca.





El templo colgante también es un sitio increíble y también lo tuvimos para nosotros solos.

Construido en una pared totalmente vertical dios sabe cómo. Todo de madera, el suelo crujía que daba gusto.
No sé cómo no nos despeñamos.


Estos días la temperatura máxima era 7 u 8 grados bajo cero. Lo sé porque le hicimos fotos al cartel con la previsión meteorológica en la recepción del hotel.
Eso de ahí atrás es una cascada congelada.
Aparte de estas dos cosas la ciudad de Datong no tenía nada más que ver, de hecho la recuerdo como una ciudad bastante fea y anodina. Así que nos fuimos a la siguiente parada: Pingyao, previa parada y fonda en Taiyuan ya que no había billetes para Pingyao.

Pingyao es una ciudad que data de las dinastías Ming y Qing e inexplicablemente ha conseguido sobrevivir bastante intacta. Ahora es el escenario de muchas series y películas de época. La parte antigua de la ciudad no es muy grande y la vimos en un día, montados en una bicicletas que nos prestaron. Recuerdo que mientras estaba montada en la bicicleta pasé a unos 10 metros de un niño cagando en la calle, que al verme empezó a chillar HALLO y a saludarme con la mano.

Revisando las fotos del viaje, en verdad casi no tengo ninguna de Pingyao. Tengo que volver.

La tercera parada en el viaje fue Xi'an, ciudad mundialmente conocida por los guerreros de terracotta. Sin embargo, he de confesar que al ver los guerreros me quedé más o menos igual. Quizás porque en la ciudad, y en toda China en realidad, por todas partes puedes ver copias de los guerreros en las puertas de hoteles o restaurantes. Sí, en el yacimiento de Xi'an hay muchos, pero no sé, no me impresionaron tanto como esperaba.

De Xi'an recuerdo que me gustó mucho la ciudad, sobre todo el animado barrio musulmán y un parque con pagodas que se llamaba algo del ganso salvaje. Andar por la muralla también estuvo entretenido. Se puede dar la vuelta completa al centro histórico de la ciudad andando por encima de la muralla (la que se puede ver actualmente se empezó a construir en 1370 y tiene un perímetro de casi 14 kilómetros). También me acuerdo que el hostel donde nos quedamos era muy barato (20 yuanes por noche, cama en habitación para cuatro) y que hicieron una fiesta de hacer dumplings donde participaron todos los hospedados y que luego nos comimos, a pesar de su lamentable aspecto. La masa y el relleno lo habían hecho las cocineras, nosotros solo tuvimos que montar la empanadilla, pero conseguir que un dumpling se quede pegado es una de las tareas más difíciles a las que me he tenido que enfrentar en mi vida.
Estos dumplings tan patéticos seguro que los hice yo.
¿La torre del tambor? ¿O quizás la de la campana? Las dos están en el centro de Xi'an.
La pagoda del ganso salvaje.
Desde Xi'an volvimos a Beijing en el tren nocturno. No sé ni cómo conseguimos billetes. La estación estaba a reventar de gente, las colas llenaban toda la plaza. Esa fue la primera vez en mi vida que yo dije la famosa frase de "No vuelvo a viajar por China durante el año nuevo chino".