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jueves, 3 de enero de 2019

Regalos perfectos para Reyes

Madre mía, ya es 2019 y yo con estos pelos. Quería haber escrito un post resumen de 2018 pero este otro es más urgente porque falta muy poquito para que vengan los Reyes. Bueno, para que vayan. A España. Por China no pasan, que aquí son muy republicanos. El otro día, hablando con mi amiga Claire, me mandó un par de fotos de juguetes que se anunciaban en los catálogos navideños en Inglaterra:
Perro o cordero (no lo tengo nada claro) recién llegado del infierno.
Juego de atrapar mocos secos con la vela que te cuelga de la nariz.

Y otro día, por casualidad, otra amiga mandó esto en Instagram:
Sí, es lo que parece. Un juego de atrapar al vuelo un zurullo que sale volando de un wc.

Pero es que después en Amazon encontré este otro juego:
Que va de pisar cacas (de plastilina, menos mal).

Y este otro:
Este no va de cacas, sino de explotarle los granos de la cara a este señor.

No sé por qué de repente se han puesto de moda tantos juguetes escatológicos, pero todos los niños pasan por una época de reírse de estas cosas, según creo, así que probablemente tengan éxito. Y qué lástima que ya haya pasado diciembre, porque estos juegos son ideales para que los cague el cagatió catalán :D

¡Que os traigan muchas cosas los Reyes! A mí no, que ya no me cabe nada más en casa.

martes, 31 de marzo de 2015

Fin de semana pekinés

Hacía justo dos años que no iba a Beijing. Ya tocaba, ¿no? No me queda ningún amigo allí, todos se volvieron a sus países, menos Jeni, a quien coincidí en Shanghai en 2010 y que ahora vive en Beijing con su marido. Este viaje ha sido una especie de reencuentro shanghainés ya que también fueron mis ex compañeros de piso. C. se ha aficionado a los trenes y no le salió de la punta de la nariz ir en avión, así que cinco horas de ida y cinco de vuelta. Que si te pones a pensarlo es casi lo mismo que ir dos horas antes al aeropuerto, aguantar el retraso seguro de los vuelos domésticos chinos, etc, así que ni tan mal. Además me vino bien para terminarme los dos libros que me estaba leyendo.

El sábado por la mañana fuimos a hacer un poco de turisteo. El cielo tenía un color un poco extraño, así como amarillento. Al mirar la aplicación que tengo en el móvil para comprobar el nivel de contaminación (desgraciadamente esta aplicación es imprescindible para todo el que viva en China) casi me da un patatús. ¡¡¡900!!! (La escala termina en 500, más de eso es el apocalipsis. El nivel ideal es menos de 50). Pero al mirar con más detenimiento vi que no eran 900 de PM2.5 (las partículas más pequeñas), sino de PM10. Las partículas grandes. Que había tormenta de arena, vamos. Al poco rato empecé a moquear y a rascarme los ojos. Pero para día y medio que íbamos a estar en Beijing había que aprovechar. Por la tarde pasó la tormenta y el cielo estaba un poco azul.

Haciendo el tonto en un gimnasio callejero en un hutong. En la esquina podéis ver el color sospechoso del cielo.

Qué pena de cielo. Con lo bonito que es Beijing.

Uno de mis sitios turísticos favoritos en Beijing es el Templo de los Lamas. Allí se está tranquilo, aunque haya mucha gente. En todo el rato que estuve allí solo una china levantó la voz para llamar a su amiga y la fulminé con la mirada.

Entrada al templo con aparición estelar de un lama.

¡¡Cielo azul!!






Por la noche fuimos a comer pato laqueado. También hacía mil años que no lo comía. Y luego, en vez de salir, nos quedamos en casa de Jeni y Kirk jugando a juegos de cartas, primero uno que se llamaba Wizard y luego uno que se llamaba Cards Against Humanity, que me encantó y me recordó un poco a Absolutas Idioteces, juego de mesa al que jugaba de joven, pero en plan super bestia. Totalmente recomendado, aunque es conveniente tener a mano el Urban Dictionary para entender muchas de las cosas que pone. Hacía tiempo que no me reía tanto.