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miércoles, 7 de junio de 2017

Visita familiar IV: Nanjing

Tras Beijing, Jinan y Qufu, nuestra siguiente parada fue Nanjing, la capital de la provincia de Jiangsu. En Nanjing tuvimos un tiempo un poco loco ya que el primer día hacía un calor de la muerte y el segundo bastante fresquillo.

El primer día fuimos a la Montaña Púrpura, que es un parque-montaña a las afueras de Nanjing en el que hay varias cosas para ver. La más conocida es el mausoleo de Sun Yat-Sen, el primer presidente de la República de China (antes de la República Popular). También es un sitio de peregrinación para los chinos y como era domingo estaba hasta la bandera. También influye que la entrada sea gratuita, claro. Qué calor hacía, madre mía. Los vendedores de helados estaban haciendo su agosto.
Para llegar al mausoleo hay que subir un porrón de escaleras.

También visitamos otro mausoleo que hay por allí cerca, el del primer emperador de la dinastía Ming, muerto en 1398. Yo nunca había estado allí y me gustó mucho una parte que hay sin restaurar, así un poco asalvajada, a lo templo camboyano.

La entrada aquí era cara, 70 RMB. Ay, qué sufrida es la vida del turista. Lo que es la tumba del emperador no se ve, supuestamente está detrás del mausoleo, debajo de una colina. No sé si la han excavado o no.

Otra parte del complejo del mausoleo es el camino sagrado, donde hay estatuas de ministros, guerreros y animales para proteger al emperador.
Pregunta de examen: ¿por qué sabemos que este es un elefante asiático?



Salir del sitio este fue un poco complicado, ya que hay que atravesar un parque bastante grande para llegar a la parada de metro. Después fuimos a dar una vuelta por el centro (¿quedo muy viejuna si digo "un voltio"?), por la zona de Fuzimiao, las típicas calles peatonales que los oriundos evitan como la peste porque están llenas de turistas, jaja. En esta zona hay tiendas, restaurantes, un museo, el templo de Confucio donde antiguamente se hacían los exámenes imperiales, y se puede montar en barco y en un carrito tirado por un señor.



El segundo día, como ya he dicho, hizo fresquillo. También llovió. Fuimos al templo Jiming, que yo no conocía. Un templo muy mono, y el ji del nombre es el ji de pollo, y como este año es el año del gallo, tenían unas linternas en forma de gallo en la entrada. Con el ticket te daban también tres varitas de incienso, para que hicieras tus ofrendas. A la pagoda solo te dejaban subir si tenías enchufe con los monjes, así que nos quedamos con las ganas. A una señora extranjera sí la dejaron subir, sería VIP.




Desde el templo se podía acceder directamente (bueno, previo pago de la entrada, claro) a la muralla de Nanjing. Nanjing es de las pocas ciudades chinas que conservan sus murallas. La mayoría las derribaron en los años 50.
El templo Jiming visto desde la muralla.

En Nanjing hay muchas más cosas que ver, pero esto fue lo que nos dio tiempo a visitar. Próxima parada: Shanghai.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Visita familiar I: Beijing

¡Ya estoy de vuelta después de mis vacaciones de dos semanas! He estado de ruta turística por varias ciudades del este de China con mis padres, mi hermano, su novia, dos tías, un tío y un primo. ¡Y C., claro!

La primera parada de la ruta fue Beijing. Yo viví allí durante 3 años y me gusta ir de vez en cuando y ver cómo sigue todo. Esta vez me dio la sensación de que había más árboles. No son imaginaciones mías, ¿verdad? Deben haber plantado muchos árboles nuevos. Toda la ciudad estaba llena del polen ese que parece algodón.

La visita familiar empezó con el pie izquierdo porque todo el mundo tenía que haber subido al mismo avión en Londres para llegar juntos a Beijing, pero la mitad de la tropa se quedó en tierra porque al Madrid-Londres se le pinchó una rueda. En serio. Así que nos tocó ir dos veces al aeropuerto en el mismo día para recibir a los visitantes. Pero, aparte de eso, todo lo demás salió bien.

En Beijing hay millones de cosas para visitar, pero cuando vas con los días contados hay que elegir. Esta vez visitamos, en orden cronológico: la casa de Mei Lanfang (estaba al lado del hotel), Houhai, Beihai, el Templo del Cielo, el Palacio de Verano, la Gran Muralla, Nanluoguxiang, Qianmen, Tiananmen, la Ciudad Prohibida y Jingshan.

Al parque Beihai yo solo había ido una vez, hace ya 10 años. Estaba hasta la bandera porque era domingo y antes de festivo (el Día del Trabajo).
El lago estaba muy concurrido.

El hotel estaba en Huguosi Hutong, una calle muy famosa por sus restaurantes. Los hutongs de allí también son muy monos.
En esas sillas casi siempre había algún abuelo sentado viendo la vida pasar.

El Templo del Cielo no es de mis sitios favoritos de Beijing, pero hay que llevar a los visitantes. Por lo menos como es grande no se notan tanto las aglomeraciones.
Pero haberlas, las había.

En un centro comercial que hay enfrente del Templo del Cielo encontramos el famoso dispensador de papel higiénico con reconocimiento facial.
Pero no es cierto lo que pone en la noticia de que solo te da papel cada 9 minutos. Si te vuelves a poner delante te da papel otra vez...

Al Palacio de Verano tenía muchas ganas de ir; creo que la última vez que estuve allí fue en 2009. Es un sitio muy bonito.
Foto de grupo.

El puente famoso del Palacio de Verano y que no me acuerdo cómo se llama.

Había que montar en barco, por supuesto. Pero de pedales no, que hacía mucho calor...

Con la Gran Muralla tuvimos mucha suerte. Fuimos justo el día después de que se acabara el puente de mayo, a una parte a la que yo no había ido nunca (黄花城 huanghuacheng) y no había nadie. Además, la zona era súper bonita.
¡Viva Huanghuacheng! ¡Muerte a Badaling!



El día que fuimos a Tiananmen ya se notaba en el cielo que algo se avecinaba... ¡al día siguiente hubo una tormenta de arena!
¿Qué harán luego con las fotos que se echan con los extranjeros?

La Ciudad Prohibida tampoco es de mis sitios favoritos, pero hay que ir. ¡Ah! He leído que a partir de octubre solo venderán las entradas por internet, así que estad al tanto si tenéis pensado ir. Había bastante gente (y eso que no era festivo).
Pero toda la gente va por el camino del medio, los lados suelen estar más vacíos.

Y así, a grandes rasgos, fue la primera parada de nuestro viaje.

martes, 20 de septiembre de 2016

Descubriendo sitios nuevos

En la entrada anterior ya comenté que el fin de semana pasado teníamos puente y que había tifón. Bienvenidos sean los tifones, oigan, arrastran la contaminación y nos traen aire limpio. El viernes parecía que no llovía demasiado y fuimos a un sitio que nunca habíamos visitado: la puerta Xiangmen de la muralla de Suzhou. Suzhou tuvo murallas en algún momento de su historia, pero ahora solo quedan unos trozos desperdigados y algunas puertas bastante renovadas. Esta en concreto la terminaron en 2012. Siempre la veíamos desde el coche cuando íbamos al centro, pero nunca nos habíamos parado allí.
El descampado es ahora el parking de la muralla, pero antes había una cárcel.

En la planta baja hay un pequeño museo (gratuito) que explica la historia de las murallas de Suzhou y las diferentes puertas. La construcción de la parte de arriba es una casa de té, no es cara, tiene mesas en la parte de fuera donde la gente se sienta a jugar a las cartas, buenas vistas y corre el aire. Me gustó el sitio.


Las casitas blancas que se ven a la izquierda en la primera foto son tiendas y restaurantes. Hay una "calle típica" en plan Pingjiang Lu allí, pero nueva. Andando por esa calle se llega hasta uno de los jardines de Suzhou: 耦园 Ouyuan o Couple's Garden. ¡No tenía ni idea de que allí había un jardín! La entrada solo vale 25 yuanes así que iré la próxima vez que alguien venga de visita.
La parte de atrás del jardín por fuera.


Siguiendo hacia delante se llega a un parque muy chulo llamado 东园 Dongyuan. Hay barquitos y cañas de pescar para alquilar, un montón de gatos, un jardín de rosas, un lago lleno de lotos... ¡y un mini parque de atracciones!



Me quería montar en los caballitos pero llegué a la taquilla un minuto después de que cerraran. No hubo tu tía.

C. recordó que él venía a este parque cuando era pequeño. Las atracciones son las mismas que hace 25 años.

Detalle del muñeco diabólico. C. confirmó que llevaba allí 25 años como mínimo.

 Al final aclaró el día y todo...


¡Un paseo muy interesante! Volveré.