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jueves, 18 de julio de 2019

Primera salida sin bebé

Ayer fui a cenar con unas amigas y a Baby A. lo dejé con la abuela. Era la primera vez que salía sin el niño. ¡La primera vez que podía comer tranquilamente en un restaurante en todo lo que va de año! Fuimos a un restaurante de hot pot muy cuqui que es bastante popular (y carete, salimos a 250 yuanes por persona pero pedimos mucho pescado y marisco).
Yo del picante no comí, si es que se te duerme la boca con eso.

Uno de los platos estrella: las "piruletas" de marisco. El resto del marisco era sin procesar.


A mis dos amigas les gusta hacer fotos y actualizar sus Momentos de WeChat (como Facebook e Instagram todo en uno) pero es que una tiene obsesión y cada vez que quedamos tiene que hacer foto de cada plato antes de comer. También nos sacamos varios selfis y no los cuelga antes de retocarlos durante media hora por lo menos. Bueno, eso era antes, ahora tiene una aplicación que te retoca automáticamente y ya casi no tiene que hacer ella nada. Atención al resultado:


Analicemos la foto: nos ha puesto más blancas, nos ha maquillado, nos ha afilado y torcido la barbilla, y a mi amiga le ha borrado la nariz (o quizás esto lo hizo ella misma, no sé). A mí me parece que damos miedo (sobre todo ella) pero ella dice que estamos guapísimas (¿?). Debe ser la diferencia cultural en cuestiones estéticas.
Selfi sin retocar (creo). Así estamos mucho mejor.


De camino al restaurante saqué esta foto. No me quiero emocionar pero... ¿tendremos por fin unos días de descanso de la mierda de la contaminación? ¡¡Que ya toca!!

viernes, 2 de junio de 2017

"Qué delgada está tu perra"

Interrumpo la narración del viaje familiar del mes pasado para dejar constancia escrita de uno de los hechos más importantes en la vida de Nico: ayer, por primera vez en la historia (o al menos desde que yo tengo a Nico), alguien comentó sobre su figura y no fue para llamarla gorda.

Todo ocurrió durante el paseo vespertino. En la puerta del residencial me encontré con una mujer mayor que llevaba un carrito de la compra. "Tu perro es un Golden Retriever, ¿verdad? ¡Qué delgado está!".
"Te tengo dicho que no me hagas fotos, PESADA".

Resulta que la mujer también tenía un Golden Retriever y debe estar como una vaca, para que considere que Nico está delgada. A ver, antes pesaba 40 kilos y ahora solamente 26, pero tampoco es que sea una sílfide; es de anchura normal. El perro de esa señora se llama Hanbao (Hamburguesa) y espero que no lo llamaran así por tener forma esférica...

La señora me cayó bien porque, como pasa a menudo con la gente mayor de mi barrio, me empezó a hablar en chino sin pararse a pensar si yo la iba a entender o no. Qué queréis que le haga, lo que me da coraje es lo contrario, cuando me hablan directamente en inglés. La buena mujer me preguntó qué marca de pienso comía Nico y cuánta cantidad. Que su Hamburguesa comía solo un bol, y una manzana, y algo de col. Que tenía que adelgazar, que estaba muy gordo. Pero que tenía un pelo precioso porque su padre es un famoso actor canino de Shanghai que sale en todas las series de televisión.

Pero el momento en el que se ganó mi corazón fue cuando me preguntó si era francesa. Normalmente, para la gente mayor, eres o rusa o americana. Francesa se acerca bastante a la realidad y además todas las chicas francesas que conozco son muy guapas, ja ja.

martes, 11 de abril de 2017

La hamburguesa china

El otro día me entraron unas ganas locas de comerme un roujiamo (肉夹馍). Un roujiamo es una especie de bocata chino típico de la provincia de Shaanxi (la de Xi'an). El pan es redondo y plano y la carne es cerdo estofado durante muchas horas hasta que se queda deshecho. Según Wikipedia es el bocadillo más antiguo del mundo. ¡Ya se comía en la dinastía Qin (221-206 a.C.)!


De camino a casa de la abuela de C. pasamos por un restaurante pequeñito que anunciaba roujiamo. Entré a comprar dos para llevar mientras C. esperaba fuera con el coche.

Dentro del restaurante los camareros y cocineros estaban comiendo (era un poco tarde). Uno de ellos, el más mayor (los demás eran prácticamente niños) me mira y sonríe de oreja a oreja, pero no se mueve en dirección a la barra. Probablemente está pensando "Una extranjera, yo no me entiendo con ella". Uno más joven que debe ser el cajero se acerca. "Quiero dos roujiamo para llevar", le digo. El más mayor respira aliviado. "¡Pero si hablas chino! El otro día vino un grupo de extranjeros y no veas qué follón para entendernos".

Mientras me preparan mis bocatas, los camareros me hacen el tercer grado. "De dónde eres. Cuánto tiempo llevas en China. Vives por aquí cerca. Cómo se dice roujiamo en español". "En España no hay roujiamo", les digo. "Si acaso se puede decir hamburguesa china o algo así". En la pared hay colgado un póster donde sale una caricatura de un niño comiéndose un roujiamo enorme y debajo pone Chinese Hamburger.

Cuando les cuento que llevo en China 10 años, el más mayor me pregunta si vine cuando era niña. Jajaja, qué ricos son.

El roujiamo de ese restaurante estaba muy rico, con el pan crujientito. Tendré que ir a visitarles a menudo.

miércoles, 15 de junio de 2016

Resumen del puente

El domingo fue día laborable. Qué larga se hace la semana cuando hay que trabajar un día extra. Teníamos que currar porque la semana pasada fue fiesta el jueves y el viernes, y ya se sabe que en China no se puede descansar mucho, que la gente se malacostumbra. Era la festividad de los barcos dragón (端午节), de la que ya he hablado en alguna ocasión en el blog. El jueves volvimos a ir a ver las carreras, como el año pasado, pero llegamos bastante tarde. Es que aquí lo hacen todo muy temprano, y ya saben ustedes lo que opino yo de levantarse temprano los días de fiesta. Total, que solo vimos una carrera y de refilón, porque para variar estaba hasta la bandera.
La verdad es que la cabeza de dragón es enana...

No falla. Es llegar la fiesta de los barcos dragón y empezar el calorazo. Nos tuvimos que refugiar en una cafetería bastante mona en la que en vez de un número te daban un peluche para que el camarero te trajera el pedido.


Al día siguiente fuimos de excursión. Yo quería ir a Wuxi, que es la ciudad que está al lado de Suzhou y a la que nunca he ido (menos al Ikea). Está visto que si no organizo yo los planes todo es un desastre. C. dijo que fuéramos a un parque cerca del lago Tai, donde hay una especie de decorado de pueblo japonés. Y que nos lleváramos a la perra. "¿Pero pueden entrar perros en ese sitio?". "Que sí que sí, que unos amigos míos fueron el otro día y se llevaron al perro". Bueno, pues más de una hora de viaje, al llegar un montón de coches, aparcamos en el quinto carajo, un calor de la leche, y al llegar a la taquilla (porque había que sacar entradas, en este país no hay nada gratis): que no pueden entrar perros.

Lo mato.

Total que fuimos a Wuxi y no vimos nada. Comimos en un restaurante en un pueblillo cerca del lago.
Costillas dulces típicas de Wuxi.

Xiaolongbao dulce típico de Wuxi.
Por lo menos en el restaurante sí que dejaron entrar a la perra. Se tumbó debajo de la mesa (estaba asfixiada) y ni se movió. Se zampó todos los huesos de las costillas. Se los íbamos dando por debajo de la mesa.

Así que en Wuxi lo único interesante que vi fueron unas flores amarillas y la orilla del lago Tai, en el lado de Wuxi (el lago Tai llega hasta Suzhou por el otro lado, y esa orilla sí que la tengo muy vista).



El último día de fiesta a C. le tocó ir a casa de su tía a hacer de intérprete para la suegra de su primo. Es una situación absurda. El primo (a cuya boda fuimos en enero) se casó con una chica indonesia. Él tiene 27 o 28 años, ella 21 o 22. La chica estudiaba medicina en Suzhou. Se casaron porque ella estaba embarazada, pero esto su madre (la suegra del primo) no lo sabía cuando vino a la boda. Parió hace un par de semanas. Total que imagínense el percal. La chica que ha dejado de estudiar (dice que temporalmente, pero ya veremos). El primo es un pedazo de vago que no da palo al agua. Viven en casa de los padres de él. La madre de ella viene a conocer al nieto y se ve el panorama. Total, que quiere tener una conversación con el primo para que espabile, se ponga a currar y alquilen un piso para vivir ellos solos. El primo no habla inglés. Su mujer traduce lo que le apetece. A la madre no se le ocurre otra cosa mejor que pedirle a C. que haga de intérprete... y a mí me dan ganas de abofetear al primo y a la chavala indonesia. A ver cómo sigue esta historia porque encima, para más recochineo, el primo no tiene una profesión normal. El primo es bailarín, nada más y nada menos. Y ella... extranjera en China y sin carrera universitaria. No puede trabajar en nada legalmente. Menuda cruz le ha caído encima a esa pobre madre. Y a C., que sin comerlo ni beberlo se ve en el medio del drama... ¡Menos mal que yo me he ido a juntar con la parte "normal" de la familia!
A Nico también le parece que de donde no hay, no se puede sacar.

jueves, 31 de marzo de 2016

Las tartas chinas

¿Sabíais que en China no tenían costumbre de celebrar los cumpleaños con una tarta y velitas? Su comida tradicional de los cumpleaños son unos tallarines muy largos que simbolizan la longevidad. Cuando se comen (tanto el cumpleañero como los invitados) no pueden cortarse con los dientes porque eso significa que estás cortando la vida del homenajeado. Los dulces típicos también son muy diferentes de los nuestros: normalmente son de harina de arroz y con rellenos como pasta de alubia roja o sésamo.

Por tanto, si no hubiera habido apenas tartas y pastelerías en China, no me hubiera extrañado. Pero los chinos son muy rápidos adaptándose a ciertas costumbres extranjeras, y efectivamente cualquier ciudad china, grande o pequeña, está llena de pastelerías que intentan imitar los dulces occidentales. ¿Y qué tal es la imitación? Pues... me temo que no demasiado buena, en muchos casos. Los "pasteles" que ofrecen son en su mayoría bollos y panes dulces bastante aceitosos. Y las tartas... las tartas merecen un capítulo aparte.

Nunca olvidaré mi segundo cumpleaños en China. Estaba en Beijing estudiando y celebré mi cumple con un amigo boliviano que cumplía una semana antes que yo. Era viernes o sábado por la noche, estábamos en Wudaokou y fuimos al Tous les jours (cadena coreana) a comprar una tarta.
Esta tarta, concretamente.
Muy mona, ¿verdad? La sorpresa vino con el primer bocado. Lo rojo de encima era SALADO. La tarta era dulce y salada a la vez. No sé si es que alguien confundió el bote de azúcar con el de sal o si fue intencionado, pero aquella tarta no se la acabó nadie. Y creo que nunca más volví a pisar el Tous les jours de Wudaokou.

Pero eso solo me pasó una vez. Normalmente las tartas son dulces, como tienen que ser. Aunque las tartas chinas tienen más nata de la que yo puedo soportar. Son básicamente una montaña de nata con trozos de fruta por encima y un par de finas capas de bizcocho por dentro.
Tarta típica por fuera.

Tarta típica por dentro.

Hace unos años las pastelerías chinas también se apuntaron a la moda de hacer tartas con formas de cosas. Esta tarta de perrito se la compramos a mi amiga A.
Por dentro era exactamente igual que la foto anterior.
A mi amiga K. le compramos esta tarta para su cumpleaños. Quedó encantada. Cumplía 31.

El año pasado por mi cumpleaños C. encargó que llevaran una tarta a mi oficina. Pero el repartidor tuvo un pequeño accidente y la tarta se estropeó. El único reemplazo que tenían con tan poca antelación era una tarta con forma de mooncake y sabor a melocotón.
Y llegó con una grieta. Vamos, que al repartidor habría que darle un premio.

El chocolate en China tampoco está bueno. Es como un sucedáneo barato. Y si te compras un pastel o una magdalena de chocolate cometes un gran error. Aquello nunca sabe a chocolate. Cuando fui a Japón me compré un pastelito de chocolate en el Family Mart, por probar. Estaba bueno. ¿Por qué los japoneses saben hacer chocolate aceptable y los chinos no? Grandes misterios de la humanidad.

lunes, 21 de julio de 2014

"No le digas a nadie que los has comprado aquí"

Cerca de mi casa hay un mercado de frutas y verduras donde las señoras mayores del barrio van a hacer la compra. Yo a veces también voy; la fruta de los supermercados suele estar bastante mala.

Este mercado tiene dos plantas; en la planta baja están las verduras, las hortalizas y la carne, en el primer piso está la fruta. También hay pequeños puestos con huevos, condimentos, frutos secos...

En mi última visita al mercado fui primero al piso de arriba a comprar fruta: 香蕉 xiangjiao (plátanos), 苹果 pingguo (manzanas, para Nico) y 油桃 youtao (nectarinas). Total: 29 yuanes (3,5 euros). La fruta no es barata en China.

Después fui al piso de abajo y compré 土豆 tudou (patatas) y 四季豆 sijidou (judías verdes). Luego me acordé de que tenía lechuga en la nevera y le pregunté a la verdulera si tenía tomates cherry (en chino los llamo 小番茄 xiao fanqie, tomatitos, no sé si tienen un nombre más oficial). La verdulera me mira con cara suspicaz.

Verdulera: ¿Cuántos quieres?
Yo: No sé, déjame verlos primero.

Los tomates cherry no están expuestos en el mostrador con las demás verduras. Están en una caja de porexpán en un rincón. Los miro y parecen en buen estado.

Verdulera: Es que, en realidad los tomatitos se tienen que comprar en el piso de arriba, donde las frutas. ¿Vas a ir ahora al piso de arriba?
Yo: No, vengo de allí. En mi país los tomatitos se consideran hortalizas y se venden en las verdulerías, no en las fruterías.
Verdulera: Venga, te pongo unos cuantos. Pero no le digas a nadie que te los he vendido yo. Los del piso de arriba se podrían enfadar.

Cuando me tiende mis compras, después de pagar, me dice: "Mete los tomatitos en la bolsa con las otras frutas, para que nadie se entere de que los has comprado aquí".

Foto de la verdulería de un pueblo en Wuyuan.


En China los tomates cherry se consideran una fruta y en muchos restaurantes los ponen como postre, junto con naranjas y sandía.