martes, 12 de enero de 2021

Mis libros sobre China de 2020

 ¡Ya toca otra de mis listas anuales con los libros sobre China que he leído! Hice esta lista en 2016, 2017, 2018 y 2019, así que 2020 no podía ser menos, ¿verdad? Especialmente porque ha sido un año en el que hemos tenido mucho tiempo para leer... ¡ay!


En Suzhou solo estuvimos encerrados en casa mes y medio, pero leí el doble que en 2019. Espero que este año lea aún más... pero que no sea porque nos tenemos que quedar sin salir, por dior. 

En 2020 leí 32 libros. De entre ellos, 6 eran de Roald Dahl. Me compré una colección con 16 de sus historias infantiles porque de pequeña me encantaban, pero ahora los leo en inglés. Aparte de sus míticos libres que todo el mundo conoce, me encantaron Boy y Going Solo, sus biografías. Otros 6 eran cómics (Lo que más me gusta son los monstruos, Saga #9 y Paper Girls, varios tomitos). Y 9 libros tenían relación con China, y esos voy a listar. Los leí todos en inglés, menos el "medio" que menciono al final, que era en chino, y el primero, que era en español.



- La madre, de Pearl S. Buck

En 2019 y 2020 ya leí bastantes novelas de Pearl S. Buck, una mujer americana que creció en China y vivió muchos años aquí. Este va sobre una mujer campesina de la que nunca llegamos a saber el nombre, ya que es simplemente "la madre". Su marido se va de casa y la deja con sus dos hijos y su suegra. Esto es al principio del siglo XX en un pueblo chino, así que os podéis imaginar el drama de su vida.


- Devourer, de Liu Cixin

Una novela corta del autor de ciencia ficción chino más famoso. Una raza alienígena vaga por el espacio devorando mundos y, chan chan, llegan a la Tierra, donde se disponen a hacerse con todos nuestros recursos naturales y comernos cuando cumplamos 60 años (nos dejan vivir hasta los 60 felizmente, para que no digamos que son malos). El final es buenísimo.


- The Song of Everlasting Sorrow, de Wang Anyi

Este estuve a punto de dejarlo porque al principio hay varios capítulos con unas descripciones aburridísimas sobre las calles de Shanghái, los pájaros de Shanghái y no sé qué más. Pero me alegro de haber seguido leyendo, porque luego cuando se mete en la historia está muy bien. Es la vida de una chica shanghainesa que en los años 40 participa en un concurso local de belleza y queda finalista, y ese es el pináculo de su vida... Después sigue contando todo lo que le va pasando y es interesante porque la mujer vive toda la época de la Revolución Cultural, etc., pero no se menciona directamente nada de los sucesos políticos, solo de las pequeñas cosas de su vida.


- The Man Who Ended History, de Ken Liu

Ken Liu es un chino-americano y el traductor al inglés de Liu Cixin. También escribe. Esta novela corta va sobre una pareja de científicos que inventan una cosa con la que se puede volver al pasado y ver un suceso concreto con tus propios ojos. Pero solo se puede volver una vez a cada momento específico, porque una vez revisto, esa parte de la historia desaparece. Los científicos usan su invento para dar a conocer lo que pasó en el norte de China durante la Segunda Guerra Mundial. Si creéis que solo los nazis hicieron burradas, buscad lo que hicieron los japoneses... Concretamente el libro habla sobre el Escuadrón 731, unos señores muy majos que hacían unos experimentos preciosos. Yo nunca había oído hablar de esto después de tantos años en China, qué raro. Quizás porque no he estado por esa zona. Seguro que hay algún museo o algo, como el de la masacre de Nanjing.




- China: The Big Lie? The Truth of Trillions in a Culture of Cash, by Mario Cavolo

Este libro lo cogí de un hotel hace años y no lo había leído hasta ahora. Lo escribió un señor extranjero (americano, creo) que lleva muchos años en China. Presenta una hipótesis interesante: los chinos normales tienen mucha más pasta que la que se refleja  en las cifras oficiales, porque la mayoría de la gente hace negocios y gana dinero en efectivo que no declara. Pone ejemplos como el de una señora que vende crepes de desayuno en la calle, o un señor que conduce un taxi, y tienen varios apartamentos y envían a sus hijos a estudiar al extranjero. Es verdad que los chinos más mayores tienen la costumbre de ahorrar y no gastar en nada que no sea absolutamente necesario (ejemplo: se ponen el abrigo en casa en vez de encender la calefacción o van a un mercado que está lejísimos porque allí venden las cosas 0,1 yuan más baratas), pero no sé hasta qué punto esto sigue vigente porque a) ahora todo el mundo paga con el móvil y b) los jóvenes cada vez se dan más al consumismo y ahorran menos. Aun así, pensé que iba a ser un truño (los libros escritos por extranjeros en China a veces dan mucha grima) y no estaba mal.


- China en diez palabras, de Yu Hua

Este creo que sí se ha traducido al español. Yu Hua es uno de mis autores chinos favoritos porque es muy directo (nada de refranes de la dinastía Ming ni de decir las cosas mareando la perdiz). Este libro no es una novela, sino una especie de ensayo con reflexiones sobre diez palabras que él considera representativas de la sociedad china actual (creo que se publicó en 2008) o que son importantes para él. Las palabras son: pueblo, líder, lectura, escritura, Lu Xun (el primer autor chino que empezó a escribir en lengua vernácula), disparidad, revolución, gente de a pie, imitación y enredar. China explicada y criticada por un chino que vive en China.

 

- Beijing Bastard, de Val Wang

Las memorias de una chica chino-americana que se muda a Beijing a finales de los 90. No habla chino con fluidez, lo que a la gente le resulta raro (esto lo dicen siempre los chinos criados en otros países cuando vienen a China). No es una obra maestra pero está gracioso, sobre todo si se ha vivido en Beijing porque puedes reconocer muchos lugares y vivencias. Bueno, yo estuve allí algunos años después que ella, pero algunas cosas nunca cambian. Como lo que dice de que los chinos son incapaces de planificar... aquí no se planea nada con antelación, todo se hace sobre la marcha o, como mucho, te avisan el día antes, jajaja.


- Ball Lightning, de Liu Cixin

Un adolescente ve a sus padres desintegrarse ante sus propios ojos cuando les alcanza un rayo globular. Yo tampoco sabía que los rayos globulares existen de verdad. ¡La realidad siempre supera a la ficción! El chico dedica su vida a estudiar este fenómeno tan raro. El estilo de Liu Cixin es un poco árido y sus personajes parecen de madera, pero las historias siempre son interesantes.


- Viaje al oeste, de Wu Cheng'en

Una de las obras maestras de la literatura china. Un tochaco de 100 capítulos y 2500 páginas que se publicó en el siglo XVI. Va sobre un monje que hace una peregrinación a la India desde Xi'an para recoger unas escrituras budistas. Esto ocurrió en la realidad, pero en el siglo VI. En el libro se añaden muchos elementos de ficción ya que al monje lo acompañan tres discípulos con poderes mágicos (Sun Wukong, un mono; Zhu Bajie, un cerdo; y Sha Wujing, un monstruo), además de un dragón transformado en caballo. El monje es un poco tonti y siempre está cayendo en las trampas que le tienden los monstruos y espíritus malignos que se encuentra por el camino, que se lo quieren comer porque, como es un monje muy santo, su carne otorga vida eterna. El mono es en realidad el protagonista de la historia (que suele tener el subtítulo de "El rey mono") y tiene unos poderes impresionantes. Este libro es como el Don Quijote chino: todo el mundo sabe la historia y se han hecho millones de adaptaciones en la tele y en películas, pero no todo el mundo lo ha leído entero... vamos, como yo con el Quijote. Viaje al oeste es muy entretenido y en algunas partes me reí en alto y todo (el humor chino a veces se parece bastante al español, sobre todo en lo que a escatología se refiere).


- Extra: 丑陋的中国人 (Los chinos feos o algo así, pero fealdad de carácter, no física), de Bo Yang

Este libro lo leí en chino. Me lo recomendó hace muchos años una profesora, cuando estudiaba en Beijing. Es una colección de artículos breves y todos giran en torno al mismo tema... los defectos morales de los chinos. Como todos van sobre lo mismo, no lo pude terminar porque me aburrí. El autor es un señor chino que huyó a Taiwán en los años 40 o 50, y los artículos se escribieron en los años 80, así que cuando dice chinos se refiere a chinos y taiwaneses (probablemente más a taiwaneses, ya que vivía ahí, aunque para él serían lo mismo chinos y taiwaneses, ya que en ese momento en Taiwán no se hablaba de independencia, sino de "reconquistar China"). Menciona defectos que siguen vivitos y coleando hoy en día, como la incapacidad que tiene la gente aquí para reconocer que la han cagado, o que no se dan cuenta (o no les importa) que sus acciones puedan molestar a otros.


¡Y esos son los libros sobre China que leí el año pasado! ¿Conocíais o habéis leído alguno? ¿Alguna recomendación para este año?



jueves, 24 de diciembre de 2020

¡Feliz Navidad desde Suzhou!

Este ha sido un año muy raro y esta navidad también va a ser insólita para mucha gente, ya que no podrán ni reunirse con la familia. Aquí en Suzhou tenemos suerte y vamos a poder salir y quedar con todas las personas que queramos estos días, aunque no sea fiesta (yo trabajo hoy, mañana y hasta pasado, que es sábado). Este año, como estoy tan liada, no voy a cocinar. Esta noche cenamos en el restaurante turco con unos amigos chilenos y mexicanos y mañana en un mexicano con amigos chinos. No van a ser banquetes navideños en sí, pero ya nos va bien.

Curiosamente, creo que este año ha sido el que he asistido a más eventos navideños en toda mi vida. A principios de mes fuimos a un bazar navideño muy cuqui en un hotel de postín. Habían tirado la casa por la ventana con las decoraciones y estaba petado de gente.





Otro día fui a una comida organizada por un grupo de mujeres. No decía explícitamente "comida de Navidad" (supongo que para ser más inclusiva), pero había un intercambio de adornos de árbol... Fue en el restaurante español pijo, que es caro pero al menos la comida está buena. Jugamos al bingo y gané un vale para un restaurante, y después hubo un sorteo y me tocó una cestita con productos griegos.

Había que ir vestida de blanco, yo a duras penas lo conseguí.

 

El viernes pasado fui a una cena navideña, aunque esta era mucho menos formal. La organizó mi compañero de trabajo mexicano y comimos tacos, bebimos una bebida dulce que preparan en México en navidad, jugamos a un juego llamado lotería que es como el bingo pero con dibujos que parecen las cartas del tarot en vez de números, cantamos una especie de villancico de allí, encendimos bengalas y rompimos una piñata. Me lo pasé muy bien pero lamentablemente no hice ninguna foto.


Los centros comerciales ya han puesto las decoraciones navideñas (no os creáis esas noticias que dicen que "China ha prohibido la navidad").

Árbol de macaroons en Suzhou Center.

Bola gigante en Eslite.


No sé si alguna vez os he contado que en China, en Nochebuena regalan manzanas porque la palabra manzana tiene un carácter parecido al de paz y en chino Nochebuena se dice noche de paz. Esta manzanota le regalaron ayer a C. en una reunión:



Y eso, ya está. Que feliz navidad, pasadlo bien esta noche, no os atragantéis con los polvorones, y tal.


viernes, 11 de diciembre de 2020

Las cagadas de Taobao

 Hace unos años escribí una entrada sobre las decepciones que te puedes llevar cuando compras en Taobao y me sigo riendo cada vez que la releo. Esas cagadas les pasaron a otros y yo simplemente retransmití lo que se publicó en el internet chino, pero últimamente yo misma he tenido algunas decepciones al comprar en Taobao, así que es buen momento para volver a tocar el tema.

Hace un par de semanas me di cuenta de que Baby A. solo tenía un par de zapatos de invierno, así que me fui a mirar qué se ofrecía por Taobao. Justamente vi que Pediped, una marca americana, tenía descuentos del 50% en algunos modelos y compré un par. No pude evitar fijarme en el anuncio que tenían en la tienda...

"It was an orgy". ¿Era una orgía? ¿Como esas que hacen en Bruselas?

 

Usar palabras en inglés al azar como decoración es algo que se ve mucho en China (tengo otra entrada sobre camisetas con frases raras en inglés). Pero lo mismo pasa con los caracteres chinos en países occidentales, ¿no? Lo típico de uno que se tatuó "sopa de pollo" porque pensaba que se veía muy chulo.

Pero bueno, volviendo a los zapatos. Cuando llegaron abrí la caja, saqué uno, vi que estaba bien y lo volví a meter. Al rato, cuando llegó Baby A. de la calle, saqué los dos para probárselos y ahí fue cuando me di cuenta de que algo fallaba... ¡los dos zapatos eran del pie izquierdo!


 

Mirándolo por el lado bueno, la tienda (y la fábrica de Pediped, parece) están en Suzhou así que cambiarlos fue muy rápido.


Después tuve otra decepción unos pocos días después. Resulta que mañana voy a una comida con las mujeres de un grupo de WeChat en el que estoy y hay que llevar un adorno navideño para intercambiarlo con alguien. En Taobao encontré esta bola tan mona y la compré.



Pero cuando llegó... resulta que era una caca. La parte donde va la bombilla es una tapa de plástico que no encaja bien en la base de madera, así que el adorno queda torcido si lo pones sobre una superficie plana y además la nieve de dentro se sale por el hueco...



Así que nada, mañana antes de ir a la comida tendré que pasarme corriendo por un centro comercial para comprar algo más decente...



jueves, 26 de noviembre de 2020

La situación actual del covid-19 en China

 Hace ya 10 meses desde que empezó el confinamiento de Wuhan y cómo han cambiado las cosas desde entonces, ¿verdad? En aquel momento nadie se imaginó cómo estaríamos unos meses después. Bueno, menos Taiwán, que reaccionó enseguida y se ha mantenido sin apenas casos. La mayoría de los demás países, en cambio, se esperaron a verlo venir, como si la cosa no fuera con ellos. Recuerdo que al principio hasta había rumores que decían que el virus solo afectaba a los asiáticos. También se decía que en realidad en China estaba ocurriendo poco menos que el apocalipsis zombi o que el virus lo había creado Estados Unidos para cargarse China (si esto fuera verdad, sería la definición perfecta de "salir el tiro por la culata"). De estos y otros rumores ya hablé en esta entrada, podéis ir a reíros (o llorar) un rato.

Supongo que no hace falta que os cuente cómo está la cosa en España porque lo sabéis mejor que yo. Pero mucha gente me pregunta cómo estamos en China... ¿Seguimos haciendo confinamiento? ¿Hay muchos casos? Y a mí hasta me da pena cuando contesto que llevamos haciendo vida normal prácticamente desde abril y podemos salir, comer en restaurantes, ir a sitios llenos de gente y hasta viajar (bueno, por dentro de China, salir es posible pero volver es muy difícil).


 

¿Es tan difícil de creer? El país en el que empezó todo y donde a principios de año era el caos total y la gente se caía muerta por la calle (eso decía otro rumor) ha podido controlar el virus, y muy rápido. El confinamiento de Wuhan duró 11 semanas, lo que en aquel momento parecía una eternidad pero ahora, visto lo visto... otros países la quisieran para ellos. Aquí en Suzhou estuvimos mes y medio en casa (ni siquiera era un confinamiento obligatorio, solo recomendable) y salíamos para ir al supermercado. Según este artículo de The Lancet, China consiguió controlar el virus gracias a varios factores: se actuó rápidamente en cuanto se dieron cuenta de la gravedad del asunto; la gente estaba preparada porque se acordaban de la epidemia de SARS en 2003; y apenas hay residencias de ancianos porque estos viven con sus hijos. Además, la gente se puso la mascarilla desde el principio porque aquí tienen esa costumbre (se la ponen cuando están constipados o para la contaminación). Ahora mismo aquí no hay ningún tipo de restricciones, pero la mascarilla sigue siendo obligatoria en los autobuses y en el metro, y al entrar en los centros comerciales también te piden que te la pongas (aunque luego dentro se la quita mucha gente).

Enmascarados en el metro.

Probando un parque de juegos nuevo el finde pasado.


Pero esto no quiere decir que China esté 100 % libre del virus. De vez en cuando aparecen nuevos rebrotes de la nada, pero aquí no les tiembla la mano y los cortan enseguida, ya sea cerrando un pueblo entero o haciéndole el test a todos sus habitantes. Uno de los últimos rebrotes ha sido en el aeropuerto de Shanghái, en la sección de carga, no la de pasajeros. Aparecieron cinco casos (supuestamente porque un trabajador limpió un contenedor refrigerado procedente de Estados Unidos y no llevaba mascarilla) y la noche del domingo pasado hicieron la prueba a todos los trabajadores de esa parte del aeropuerto: más de 17 000 personas en una noche.

En Suzhou hace mucho que no hay casos nuevos pero la semana pasada tuvimos un sustillo cuando se publicó que un hombre que había dado positivo en Tianjin había estado en Suzhou el 6 y 7 de noviembre. A lo mejor en ese momento ni siquiera tenía el virus todavía, pero encontraron e hicieron el test a unas cien personas que habían tenido contacto con él en Suzhou.

Pues eso, no sé. Que aquí estamos bien de momento y está la cosa muy controlada. Espero que en España mejore... aunque, sinceramente, allí creo que ya las únicas soluciones son la vacuna o la inmunidad de grupo.

Ahora solo espero que yo ya no sea gafe y que no aparezca un rebrote enorme en China 5 minutos después de publicar esta entrada...


miércoles, 11 de noviembre de 2020

La fiesta de Halloween

 A buenas horas, mangas verdes, para escribir de Halloween ahora. ¡Es que se me pasan los días y no sé ni cómo! El trabajo me tiene ocupadísima y no encuentro ni un momento para actualizar el blog. Pero nos lo pasamos tan bien en la fiesta de Halloween a la que fuimos que quiero dejarlo para la posteridad.

Yo creo que de pequeña nunca celebré Halloween, en los 90 en España no se llevaba, ¿no? Ahora no sé. Aquí en China no es que sea una fiesta reconocida, pero en las guarderías siempre les dicen a los niños que se disfracen y se organizan bastantes eventos. Hace un par de años había un grupo de niños en mi urbanización yendo de un bloque a otro pidiendo caramelos y seguramente lo organizaron sus madres. Baby A. es muy pequeño para ir de puerta en puerta y comer caramelos, pero un restaurante al que vamos a veces organizó una fiesta de Halloween para niños y nos apuntamos con nuestros amigos chinos, que tienen dos hijos de 5 y 7 años o así.

Baby A. ya tenía disfraz porque una madre me había dado una bolsa con ropa y entre otras cosas había un disfraz de oruga. Los mayores no sabíamos si nos teníamos que disfrazar o no, pero de perdidos al río, ¿no? Si vamos a una fiesta de Halloween hay que ir a tope. No sé cómo, de repente se me ocurrió el disfraz perfecto para C. y para mí: dos personajes de cómic para los que apenas tendríamos que comprar unos accesorios, porque simplemente van vestidos de negro. Y mi amiga es una fanática del maquillaje (es de esas que no deja que ni su marido la vea sin chapa y pintura) y se ofreció a peinarnos y maquillarnos.

C. maquillándose. Nos pusimos la cara muy blanca.


Nos lo pasamos muy bien en la fiesta, los niños los que más, claro. Había una chica pintando las caritas (pero, como siempre, llegamos tarde y esto no lo pudimos hacer), un payaso que repartía globos y luego hizo un espectáculo , premios y un bufet. No todos los adultos iban disfrazados y a mi amiga le daba un poco de cosa con su traje de Yasmín, pero yo creo que iba muy bien, se compró hasta el pelucón y todo. Al final hasta ganamos un premio a mejor disfraz de familia, aunque puede que fuera simplemente porque íbamos todos disfrazados, jajaja.



Por cierto, ¿sabéis de qué íbamos C. y yo? De Morfeo y Muerte, del cómic The Sandman.



Baby A. era de los niños más pequeños y estaba un poco acojonado con el payaso, pero no se movió del sitio durante todo el espectáculo. Le acabo de preguntar ahora mismo si le gustó el payaso y ha dicho muy rápido que no, que le daba miedo. Pero bueno, también le da miedo Papá Noel...



 

Pues eso, que nos lo pasamos muy bien y el año que viene nos apuntaremos otra vez, pero esta vez los tres iremos de algo relacionado... tengo que pensar el qué.





viernes, 30 de octubre de 2020

Las mierdas que compra mi marido

 Hace un par de meses fue el cumpleaños del niño. Yo ya contaba con que yo era la que me iba a encargar de los regalos, pero le pregunté a C. por si acaso, no nos fuéramos a juntar con demasiadas cosas. "¿Le vas a comprar algún regalo de cumpleaños al niño?". "Sí", me dijo. "He visto esto". Y va y me manda una foto de un proyector de esos para bebés con estrellitas y música. Me quedé ojiplática. "¿Por qué le quieres comprar eso? ¡Si eso es para bebés y va a cumplir dos años! Por no mencionar que... ¡¡ya tiene TRES proyectores parecidos!!". (Regalos que nos hicieron cuando nació). "Es que este parece muy chulo...". 

Yo no sé qué le pasa a este hombre, pero le da por comprar unas cosas rarísimas. Y lo peor es que las usa dos veces y luego se olvida de ellas, así que tengo la casa llena de mierda que no sirve para nada y ocupa espacio. Y este piso no es que sea grande, ni tampoco tiene mucho espacio para poner cosas. Bueno, arriba tenemos una habitación-trastero, pero tampoco es plan de llenarla de cosas inútiles, ¿no?

Para que os riáis un rato, os voy a enseñar algunas de las cosas que ha comprado C. en sus momentos de locura. ¡A ver qué os parecen!

- El masajeador de rodillas

Parece ser que a C. a veces le duelen las rodillas. Un día le dio por comprar un masajeador de rodillas, que algo que parece como el cacharro de tomar la tensión pero en las rodillas. ¿Servirá para algo? Llamadme incrédula, pero yo lo dudo. O, vamos, si hace algo, no será nada que no se pueda conseguir con una bolsa de agua caliente. Lo usó un par de veces, lo metió en una bolsa de plástico y lo guardó en el aparador del salón... y ahí sigue hasta ahora.



- La cosa para jugar al golf en casa

Otro día apareció con un paquete sospechoso. "¿Qué es eso?", le pregunté. "Es para entrenar al golf". Como el paquete no era muy grande, no le di más vueltas. Hasta que vi la cosa montada... ocupa la mitad del piso de arriba. Es como una tienda de campaña gigantesca. ¿Cuántas veces la ha usado? Menos de 5, yo diría. Y ahí sigue montada desde hace más de 6 meses.

Es eso verde del fondo.


- El coche decorativo

Hay gente a la que le gusta tener objetos decorativos en casa. Bueno, pues a mí no. Yo el espacio lo necesito para poner libros y los juguetes del niño, no para poner cosas que, por muy bonitas que sean, no sirven para nada y además acumulan polvo. Un día apareció C. con este coche de la foto de aquí abajo y me dijo que era un regalo para el hijo de un amigo suyo. Ese niño tenía en aquel momento unos dos años y este coche claramente no es un juguete, y así se lo dije. Total, que el coche acabó en nuestra estantería cogiendo polvo. Hasta que hace unas semanas me harté (porque no tengo espacio para poner los juguetes de A.) y le dije a C. que iba a regalar ese coche en un grupo de WeChat de cosas gratis. Así que se espabiló y lo puso a la venta en Xianyu, que es como Taobao pero para vender cosas de segunda mano. Tuvo suerte y se lo compraron muy rápido, y por un buen precio.

Este era el coche.


En realidad C. está bastante enganchado a la app de vender cosas de segunda mano. Ahí ha vendido bastantes cosas que nos regalaban y que no queríamos, y también piezas de tuning del coche que tenía antes, y ha sacado unos 30.000 yuanes hasta ahora. A ver si consigo que venda la cosa de jugar al golf y el masajeador de rodillas...




viernes, 16 de octubre de 2020

Visita a Ningbo

Hacía mucho tiempo que no viajaba por China durante unas vacaciones nacionales. Hacerlo es muy peligroso, porque todos los sitios están petados de gente. Pero este año teníamos 8 días, viajar al extranjero no era factible (¿volverá a serlo alguna vez?) y no era plan de quedarse en casa todo el rato. Tras mucho pensar, porque hay millones de sitios a los que quiero ir (pero preferiblemente no durante unas vacaciones nacionales), me decidí por Ningbo. ¿Por qué? Pues porque está cerca y porque nunca había ido. No había otro motivo, jajaja.

Ningbo es conocido por ser un puerto de carga muy importante. Vamos, es que yo al menos no sabía nada más. Entre los chinos es famosa más que nada por el marisco, pero resulta que también tiene algunos sitios interesantes para visitar y es una de las ciudades más antiguas de China. También tiene muchas montañas por los alrededores y parece que es un buen sitio para excursiones de naturaleza. Pero eso ahora mismo con el niño no es buen plan, así que nos quedamos en el centro de la ciudad. Me dio la impresión de que había muchísima gente joven y bastante marcha en Ningbo. ¡¡A las 9 de la noche todavía había gente por la calle!! En Suzhou son como las gallinas y se recogen muy temprano.

Fuimos en coche y no había mucho tráfico porque Ningbo no queda en la dirección de ningún sitio turístico famoso. Llegamos por la tarde y nos dio tiempo a ver la catedral (que tenía códigos QR en las huchas de las ofrendas, porque en China ya nadie lleva efectivo y todo el mundo paga con el móvil), un antiguo banco de cuando Ningbo era uno de los centros económicos del país (solo por fuera, estaba cerrado por reformas), otra iglesia católica y la zona del Bund viejo, donde había muchísimos bares y un restaurante italiano en el que cenamos y me parecía estar en Europa (tanto por la decoración en sí como por el hecho de que tardaron muchísimo en servirnos la pizza; en China suelen servir todos los platos muy rápido o la gente se empieza a quejar a voces).

La catedral de Ningbo.

 La plaza en la zona comercial.


 
Otra iglesia católica. Las banderas son por la fiesta del día nacional.


El segundo día estuvo lloviendo todo el rato, así que fuimos al museo. Había una cola larguísima pero fue rápida la cosa, solo tardamos unos 15 minutos en entrar. Era gratis pero había que registrarse en WeChat, y los extranjeros tenían que rellenar también un formulario a la entrada. Ahí, discriminando. Otra cosa en la que Ningbo discrimina a los extranjeros es que no podemos pagar con el móvil en los autobuses. ¿¿Por qué?? ¡¡Ah, quién sabe!!

El museo de Ningbo.


El tercer día fuimos a ver un parque que hay en el centro de la ciudad. Era muy chulo, los parques chinos siempre molan. Había un lago donde se podían alquilar barcas de pato, casas antiguas (en una de ella vivió Chiang Kai-Sek) y unos columpios donde tuvimos que parar un rato, por el niño. Cerca del parque estaba el monumento más famoso de Ningbo, Tianyige o la biblioteca privada más antigua de China. Más que una biblioteca parecía los jardines de Suzhou, era del mismo estilo.

El lago del parque.


El último día, ya de camino de vuelta a Suzhou, visitamos un antiguo templo que ahora es un museo de arquitectura tradicional. Estaba en lo alto de una colina y había que subir escaleras. ¡Baby A. las subió y bajó todas solito! Arriba había el típico estanque de los templos, y la comida para los veces la vendían en las máquinas esas de bolas que suelen tener juguetitos para los niños.

Las escaleras.

Dando de comer a los peces.


Y nada, ¡esas fueron nuestras vacaciones! Ningbo me pareció una ciudad en la que se puede vivir, lo que no se puede decir de todas las ciudades de China, jajaja.