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martes, 5 de enero de 2016

El nuevo año

Pues ya es 2016. Y como cantaban Death Cab for Cutie, so this is the new year and I don't feel any different.


No hemos hecho gran cosa durante los tres días de vacaciones. Cocinar, comer, salir a comer, ver películas (Mr. Six y In the heat of the sun).

Ya estoy completamente instalada en mi nueva oficina en casa.


El portátil lo tengo abandonadísimo. Está ahí, metido en el hueco entre la mesa y la cajonera. Lo enciendo una vez a la semana, si acaso. A ver si cuando termine la página web que estoy traduciendo tengo tiempo y me pongo a ordenar y copiar fotos, que cualquier día peta (tiene casi 6 años) y me llevo un disgusto.

Trabajar en casa es cómodo pero estoy más sola que la una, claro. Con Nico pocas conversaciones puedo tener. Salgo de casa para pasearla y, a veces, para ir a comer o a alguna tienda por aquí cerca. Muy cerca de la entrada del residencial he descubierto un restaurante en plan cantina. Me recuerda al comedor de la empresa donde trabajaba antes, pero con algo más de variedad. Quiero cocinar más en casa, que aquí en los restaurantes se emocionan demasiado con la sal y el glutamato monosódico.

El restaurante/cantina.


viernes, 2 de enero de 2015

La llegada de 2015


Pues ya está aquí 2015. A ver cuánto tardo en acostumbrarme a poner el año que toca cuando escribo una fecha.

Para la cena de Nochevieja fuimos a un hot pot con nuestros vecinos Pan Pan y Hua Hua. Pan Pan fue directamente desde su oficina y llegó el primero, así que pidió antes de que nosotros llegáramos. Lo que les gusta a los chinos echarle vísceras al caldero. El camarero empezó a traer cerebro e intestinos de cerdo, estómago de pollo, pies y sangre coagulada de pato, estómago de vaca... "¿Has pedido todas las guarrerías que había en el menú, o qué?", le dije. "No, mira, todavía hay muchas más cosas raras". Pues menos mal. La próxima vez espero llegar yo la primera.

Tras la cena nos tomamos las uvas en casa con el vídeo de las campanadas del año pasado. La incombustible Anne Igartiburu y dos señores que no sé quiénes eran. Afuera tiraron un par de petardos y poco más. Lo gordo vendrá en el año nuevo chino.

Ayer también salimos a cenar con los vecinos (veo que vamos a engordar bastante en el nuevo piso). El restaurante estaba en el centro comercial más popular de Suzhou y había que esperar una hora hasta que nos dieran nuestra mesa, así que para hacer tiempo nos fuimos a los recreativos.

Preparados para darlo todo con los tambores.

Los juegos de matar bichos a porrazos cansan un montón.

Esto es lo más parecido a un casino (legal) que se puede encontrar en China.

En estos recres, aparte de las maquinitas de jugar también había muchas máquinas de esas con un gancho para coger peluches. C. estaba empeñado en pillar un perro cabezón pero no hubo suerte. En cambio, el oso este lo sacó a la primera.



Y después de los recres por fin llegó la hora de la cena. Más carne, pero esta vez no fueron vísceras.


¿Qué tal habéis empezado vosotros el año?