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jueves, 3 de marzo de 2016

Vacaciones en Japón III: Nara

Me faltaban por contar nuestras aventuras en Nara, la tercera ciudad que visitamos en Japón. Desde Osaka también se llega en menos de una hora con el tren cercanías. A Nara hicimos una excursión de un día, no nos quedamos a dormir.

Nara también era una antigua capital y tiene muchas cosas para ver pero la mayoría de la gente va para ver a estos bichejos:

Sí, ciervos. Hay un parque entero lleno de ellos. Viven allí desde hace cientos de años y se les considera (o consideraba, no estoy segura) sagrados. El parque no tiene verjas ni nada y a veces se salen a la carretera, pero no creo que intenten escaparse mucho más lejos porque viven como reyes. Todo el día tumbados a la bartola, recibiendo carantoñas de los turistas y comiendo galletas especiales para ciervos.
Hasta el envoltorio se comían.

Las galletas las venden en un montón de puestos en el mismo parque. Con todos los turistas que van yo creo que no necesitan darles nada más de comer a los ciervos. Y delgados no están.
Echándose la siesta.


Luego fuimos a ver un templo que había allí al lado.


Dentro había los típicos budas gigantes. Este tenía el récord de buda más grande hecho de bronce.
Fijaos en la gente que hay abajo a la izquierda para ver el tamaño.

Pero lo más intrigante de este templo era esto:

Había un agujero en una columna y una cola larguísima para pasar a través de él. No, yo no lo intenté, pasaba de tirarme una hora allí. Además tampoco sabía de qué iba la historia porque no había hecho los deberes. Al volver busqué en internet y me enteré de que ese agujero es del mismo tamaño que el agujero de la nariz de la estatua del buda y si lo atraviesas te llega la iluminación. A mí me parece que más que nada te conviertes en un moco del buda, pero bueno. La gente se lo pasaba pipa haciéndose allí la foto.

Por los alrededores de este templo había una pequeña colina y por allí dimos un paseo muy agradable. En la cima había otro templito. También había una sala de descanso donde podías tomar té o agua caliente gratis. No había camarero ni nada, tú llegabas, te servías y luego lavabas el vaso de cerámica. Todo estaba limpio y ordenado. Nadie mangaba los vasos. Ahí fue donde más vi la diferencia con China o con España.
La sala de descanso.

 Mi visita a Japón no podía terminar sin comerme algo de té verde molido, que al parecer es muy típico de la región en la que estuvimos. Luego por la noche también compramos en el supermercado un montón de galletas y kitkats de té verde.
Helado de té verde. No soy muy fan.

Tampoco podía irme sin hacer una foto a los animales que nos acompañaron durante todo el viaje: los cuervos. Madre mía cómo graznaban, era exagerado. Pero es que eran enormes, debían pesar 3 kilos por lo menos. Yo nunca había visto cuervos tan grandes.
Es un cuervo, ¿no? No estoy yo muy puesta en ornitología.

sábado, 20 de febrero de 2016

Vacaciones en Japón II: Kyoto

Kyoto fue la capital de Japón durante muchos años y ahora es una ciudad muy turística porque tiene un montón de templos patrimonio de la humanidad. Para llegar desde Osaka solo tuvimos que coger el tren cercanías y en unos 40 minutos ya estábamos allí.

Nuestro hotel estaba al lado del Palacio Imperial, que desde fuera parecía un parque gigantesco y ya está. Supongo que dentro habrá algo para visitar pero según internet había que reservar con antelación así que no fuimos. Visitamos un templo que había al lado del hotel y que según se explicaba, estaba consagrado a no sé qué señor que resultó herido en una batalla y mientras se retiraba a un lugar seguro apareció una piara de jabalíes que lo escoltó hasta su destino. El templo estaba especializado en pies y espalda y como tal vendía unos "amuletos" para proteger estas partes del cuerpo. Los amuletos son una especie de bolsita de tela bordada.
El templito que había al lado del hotel.

Banderolas del templo. En las blancas se ve arriba el amuleto (verde) y abajo los jabalíes de la leyenda.

Los templos japoneses son un negocio redondo. Por muy pequeños y poco importantes que sean siempre tienen varios pabellones dedicados a diferentes cosas. En cada pabellón hay un cascabel gigante en el techo con una cuerda de la que se tira para hacerlo sonar. Delante de cada pabellón hay una caja de madera para echar las ofrendas a los dioses (es decir, dinero). Los que reciben muchas visitas de extranjeros tienen un cartelito indicando cómo se debe rezar: primero se hace una reverencia, luego se dan dos palmadas y luego se hace otra reverencia. También se pueden comprar unas tablillas de madera en las que escribes tu deseo y luego o bien se queman (esto lo hace el sacerdote al final del día con todas las tablillas) o bien se cuelgan en un lugar establecido.
Tablillas con deseos colgadas.

Después de pasear por el barrio y comer en un restaurante vietnamita muy cuco fuimos al museo internacional del manga. En realidad debería llamarse biblioteca, porque básicamente lo que hay son miles de tomos de manga (hay algunos en inglés, español y otros idiomas) y se pueden leer. También había algunas exhibiciones de ilustraciones y una actividad en la que un chico muy majo explicaba el predecesor de los cómics en Japón: un señor que iba por los pueblos con una bicicleta y láminas que se ponían dentro de una caja en forma de televisor y que el señor iba cambiando según contaba la historia.
La mascota del museo.

En Kyoto, como he dicho antes, hay aproximadamente un millón de templos. Obviamente en dos días y medio no da tiempo a verlo todo, así que fuimos con calma. El lugar más recomendado es el santuario de Fushimi Inari, así que allí nos fuimos por la mañana. Las puertas rojas que cubren el camino son muy fotogénicas, pero había bastante gente así que hacerse una foto sin nadie era difícil.
La entrada de Fushimi Inari
Andando por el camino de las puertas.

También fuimos a otro templo famoso, Kyomizu-dera. En este sitio, y por las pintorescas calles de alrededor, había un montón de chicas con kimono haciéndose fotos. La mayoría no eran japonesas, sino turistas. Hay tiendas donde puedes alquilar el kimono para todo el día. En Kiyomizu también había una auténtica "feria del peregrino", con altares donde se pedía un deseo y otros donde se escribía una preocupación en un papel y luego se metía en un cubo de agua (cuando el papel se deshiciera, la preocupación desaparecería. C. escribió el nombre de uno de su oficina que todo lo hace mal y de momento este chico no ha desaparecido). Todo esto se hacía previo pago de una ofrenda, claro. También había dos rocas, una a cada lado de la plazoleta donde estaba la "feria del peregrino", y se supone que si se anda de una a otra con los ojos cerrados se encuentra el amor verdadero o algo así. Con toda la gente que había por el medio, dudo que ninguna chica consiguiera terminar el recorrido ese día.
La entrada a Kiyomizu-dera, con la vista de la ciudad.

Supongo que en cualquier otra estación cuando los árboles tengan hojas será más bonito...

Otro de los templos famosos que vimos en Kyoto tiene un pabellón pintado de dorado y ese también estaba hasta la bandera de turistas.
Foto desde primera fila.
Foto desde atrás para que se vea toda la marabunta.

Se está muy bien en Kyoto viendo calles pintorescas y templos.
Templo.

Jardín de un templo.

Calle pintoresca.

Los japoneses también aparcan la bici donde no deben.

domingo, 14 de febrero de 2016

Vacaciones en Japón I: Osaka


¡Con lo cerca que está Japón de China y nunca me había dado por ir! El verano pasado, tras el doloroso sablazo de los billetes de avión para ir a España en octubre, me puse enseguida a buscar billetes para ir a cualquier sitio en Año Nuevo Chino. Es que como te esperes a comprarlos se pone todo carísimo. Estaba entre Myanmar y Japón y encontré un vuelo a Osaka por un precio razonable (barato tampoco). Así que para allá nos fuimos el sábado de la semana pasada.

Japón se hizo de notar nada más subir al avión. Era de la compañía Japan Airlines y no es por hacerle un feo a nadie, pero es que no hay color con las aerolíneas chinas. Las azafatas hablaban un inglés inteligible (¿sabéis esto que la azafata dice algo en inglés por la megafonía y no se entiende absolutamente nada? ese es el pasatiempo favorito de las azafatas chinas) y la comida estaba buena (la comida en las aerolíneas chinas consiste en un bloque de arroz pastoso y verduras encurtidas envasadas al vacío para acompañar). También vi cuando nos dirigíamos a la pista de despegue que los técnicos que estaban al lado de la puerta de embarque le hicieron una reverencia a nuestro avión. Ya sé que en Japón se hacen reverencias constantemente, pero desde el suelo al avión me pareció un poco excesivo.

La supuesta efectividad japonesa me decepcionó un poco cuando llegamos a Osaka y la cola para pasar el control de pasaportes era de una hora. Poned a unos cuantos agentes más, hombre, que sabéis que es el año nuevo chino y os llega toda la tromba de turistas (no solo chinos, sino también taiwaneses, malayos, vietnamitas, etc). Pero al pasar el control de aduanas por la parte de "nada que declarar", el señor policía miró mi pasaporte y me dijo en español: "¿Vive en China?". Por fin, a las 12 y pico de la noche, llegamos al hotel. En este hotel pasamos las dos primeras noches y tenía desayuno incluido: triangulitos de arroz y sopa de miso.
El hotel estaba al final de esta calle, que por cierto estaba llena de carteles de clubs con señoritas escotadas.

Osaka es una ciudad conocida sobre todo por su comida. Sitios de interés turístico no hay muchos, pero cosas para ver hay. Nosotros fuimos al castillo de Osaka y al museo de historia. El castillo (tipo chalet) está muy reconstruido y por dentro no hay mucho que ver. Tiene buenas vistas desde el mirador, eso sí. También tenía un puesto donde podías probarte los cascos de época y hacerte fotos. El parque de alrededor del castillo estaba muy animado, con niños jugando al béisbol, abuelos con cámaras megaprofesionales haciendo fotos a las flores, y una academia de kendo donde estaban celebrando una competición y se podía entrar a curiosear.

Las famosas bolas de pulpo.

Niños jugando al béisbol con el castillo de fondo.
Para entrar en la academia de kendo había que atravesar el mar de zapatos...


Niños dándose de palos. El uniforme de kendo mola un montón.
El castillo de Osaka.
Los árboles (¿ciruelos?) estaban empezando a florecer.

No podía faltar nuestra clásica foto haciendo el guiri.
Señor paseando a su conejo (que llevaba un jersey).


Por la noche fuimos a una zona que se llama Dotombori y está llena de tiendas y restaurantes. Estaba llena de chinos con maletas comprando de todo. La actividad favorita de los chinos cuando viajan al extranjero es 买买买 (comprar comprar comprar).





Las tapas de alcantarilla eran muy monas.


Continuará...